Villanueva Cosse: Marathon

“En democracia, ‘Marathon’ se torna más metafísica”
La obra de Ricardo Monti, en la que los personajes bailan hasta la desesperación por un premio que no conocen, se montó por primera vez en 1980. Ahora, el director uruguayo la revisita con algunas modificaciones y una nueva resonancia.
La crítica ha señalado que un rasgo característico del teatro de Ricardo Monti es la alternancia de secuencias oníricas y escenas que aluden a la historia del país, animadas por personajes que, en un crescendo de actitudes exasperadas, terminan generando actos de violencia. También se ha dicho que el autoritarismo es uno de sus temas recurrentes. En Una noche con el Sr. Magnus e hijos, de 1970, los hijos siguen en la casa unidos a su tiránico padre por el miedo que éste les infunde, obligados a presenciar una y otra vez escenas que reafirman un poder instituido. En Marathon, Monti también habla de la represión y el sometimiento. En una prueba de resistencia, seis parejas bailan día y noche para obtener un premio incierto, hostigados por el presentador del evento y su guardaespaldas. Ubicada en los años ’30, la situación inicial descubre a unos personajes desesperados que intentan revertir, en plena crisis, sus vidas miserables. A partir de esa situación, la pieza se estructura en una serie de escenas que revelan fragmentos de las vidas de los concursantes, secuencias que refieren a sueños y pesadillas de los allí presentes, y cuadros que escenifican, más o menos veladamente, algunos momentos de la historia del país, convertidos en mitos por Monti. Así, entre otras escenas, se recrea la fundación de Buenos Aires por parte de un Pedro de Mendoza sifilítico y agonizante, se habla del surgimiento de la oligarquía a partir de alusiones a El matadero, de Echeverría, y se deja constancia del ascenso del fascismo, desde el desbocado discurso del propio guardaespaldas.
Marathon fue estrenada por el equipo Teatro Payró, bajo la dirección de Jaime Kogan, en 1980. Y el contexto político y social de entonces condicionó la lectura de la pieza en una sola dirección: “Ahora, en democracia, liberada de esa referencia específica que es la dictadura, la obra planea, adquiere otro vuelo”, opina Villanueva Cosse, que dirige la nueva puesta que abrirá la temporada del Cervantes (el estreno será el domingo próximo). No obstante la crudeza de las situaciones representadas, la obra no está “imbuida de un escepticismo escapista”, aclara el director, sino que alerta al espectador acerca de la necesidad de implementar cambios de fondo. Villanueva Cosse argumenta: “Muchos hablan de Discépolo como si él hubiese disfrutado de su pesimismo. La letra de ‘Cambalache’ es un diagnóstico brutal, habla de la condición de desbarajuste de este mundo, de la falta de solidaridad. Discépolo quería crear una conciencia. Monti es menos agresivo, pero él también está diciéndonos que seamos conscientes de esto que nos pasa”.
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