Mucho ruido y pocas nueces

De cortesanos a gauchos y soldados pampeanos
Se destaca un cuarteto de actores en este Shakespeare
Luego de su postergación, finalmente llegó al teatro San Martín el estreno de Mucho ruido y pocas nueces . Este texto de Shakespeare, escrito en los últimos dos años del siglo XVI, es considerado por muchos especialistas una de sus comedias menores, en la que resaltan la picardía verbal de la pareja protagónica, integrada por Beatriz y Benedicto, enredada en duelos lingüísticos de los que no pueden escapar, mientras simultáneamente otra pareja, la de Elena y Claudio, juega al amor romántico y es víctima del villano Don Juan.
La versión del director Oscar Barney Finn ubica a esta historia en plena pampa argentina y muta los personajes en soldados y estancieros. Aquellos llegan a la estancia para hospedarse una semana luego de una lucha contra el indio; es el verano de 1875/76 según indica el programa de mano.
Y es tal vez éste uno de los mayores problemas que tenga un espectáculo que no padece grandes desajustes ni fallas interpretativas. El problema surge cuando uno intenta mirar esta historia desde nuestra pampa. Porque hay un punto en el que el imaginario sobre el ejército, el indio, el gaucho y la vida en el campo está atravesado por otra lengua, otras costumbres, otros hábitos culturales. Resultan por lo menos exóticas las traducciones de las pautas cortesanas europeas a esta típica estancia argentina, del mismo modo que no se entiende muy bien la función de las canciones y las coreografías, ya que por su exagerada simpleza aparentan una parodia, aunque no se entienda muy bien de qué.
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