Manuel Iedvabni: Hamlet


“Esta es la lucha entre el humanismo y la depredación”

El director explica el sentido de su adaptación del clásico de William Shakespeare. “La omnipotencia del poder, que se expresa de muchas maneras, termina pasando a nuestro cuerpo”, señala Iedvabni, quien apela en todo momento a la “contemporaneidad” de la obra.

“Antes de los ’40, yo era un rusito de La Paternal.” Con ribetes de nostalgia recuerda el Manuel Iedvabni de 78 años al de la adolescencia. Su padre lo obligó a elegir entre dos pasiones: el fútbol o el teatro. Por el primero, ya había roto demasiados lentes, le había dado demasiados dolores de cabeza al viejo; por el segundo, las visitas a los departamentos “de laburantes” –en su mayoría familias de inmigrantes– en los que germinó lo que sería el Teatro IFT ya le habían calado hondo. “Mirando obras en esos sitios se me prendió definitivamente que iba a hacer teatro. Y mi familia lo tomó con la preocupación de cualquier obrero: ‘¿Podrá vivir de eso?’. Pero, claro, me apoyó. Aunque yo haría de todos modos lo que me diera la gana”, mete con picardía y los ojos pequeños amplificados por los cristales. Arrancó en la escuela del IFT a los 18 y, cuatro años después, debutó como director en ese mismo espacio independiente con la adaptación de Una gota para el mar, primera pieza de Osvaldo Dragún, uno de los promotores de Teatro Abierto. Con 60 años de carrera profesional, más de 70 puestas en escena de obras de autores vernáculos y extranjeros y la fundación de tres salas (Teatro del Centro, Contemporáneo y Galpón del Sur) a cuestas, el reconocido teatrista estrenará hoy a las 21.15 en el Centro Cultural de la Cooperación (CCC) su adaptación de Hamlet, de William Shakespeare. Versionada junto con Malena Solda y traducida por Ingrid Pelicori, cuenta además con actuaciones de Federico Olivera, Patricia Palmer, Héctor Bidonde, Ana Yovino, Luciano Suardi, Marcelo Savignone, Pablo Razuk, Alfredo Zenobi, Emiliano Dionisi, Marcos Ferrante, Rafael Lavín y Eduardo Narvay.

Tras la puesta de Grande y pequeño, de Botho Strauss, el año pasado también en el CCC, y a la espera del regreso de Un informe sobre la banalidad del amor, de Mario Diament, al Teatro Nacional Cervantes el próximo viernes, Iedvabni ofrece un Hamlet signado por “la lucha entre el humanismo y la depredación”. También, por la “decodificación del lenguaje, las formas de decir y comunicar desde la contemporaneidad argentina”, realizado para acortar las distancias temporales (se trata de un texto de alrededor de 400 años) y espaciales. Aun así, el argumento de la tragedia más famosa de Occidente es el conocido: el príncipe Hamlet es visitado por el fantasma de su padre, que le pide que cobre venganza de muerte sobre Claudio, tío de uno y hermano del otro, ahora coronado rey de Dinamarca y esposo de Gertrudis, madre del personaje central. Hamlet luce subyugado por la exploración de la locura (real y fingida), el dolor, la ira, la traición, el incesto y la corrupción moral. “Hamlet es esencialmente un tipo a quien la circunstancia lo obliga a cargar con la humanidad entera. Y va a morir aplastado en el intento”, define el director en una charla con Página/12.

–En el teatro hay escuelas y formas, pero no reglas en tanto clausura, lo cual iría en contra de la esencia misma del arte. En ese sentido, ¿qué concepto tiene sobre el trabajo de adaptación?

–Parto de la idea de que el actor es argentino y el público también, por lo tanto no tengo la pretensión de hacer teatro inglés. Sí, el escritor es Shakespeare, pero a partir de un momento dado sólo sé que el teatro es contemporaneidad pura, que nace y muere en ese momento. Por lo tanto, le doy a ello la primacía fundamental. A partir de ahí, se decodifica todo lo demás: lenguaje, forma de decir, de comunicar. No es que ignore las reglas antiguas, me doy por enterado de ellas. Si me vienen bien, por algún canal van a aparecer. Pero lo que debe surgir indefectiblemente es el concepto de contemporaneidad.

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