La última vez (que me tiré a un precipicio)

Un salto hacia mínimos mundos imaginarios

Victoria Almeida vuelve a conmover con su trabajo

La historia de La última vez (que me tiré a un precipicio) es tan pequeña como un simple paso: un paso que puede ser al vacío (esos vacíos tan seductores, tan existenciales), en el que antes de llegar al piso el personaje en cuestión visita su pasado, imagina nuevos mundos o recuerda aquel beso de película.

La última vez (que me tiré a un precipicio) es el último trabajo de Victoria Almeida. aquella que sobresalía en El trompo metálico . En esta especie de poema surrealista llevado a escena une con fino talento el mundo del clown (y su homenaje al cine mudo de Buster Keaton) con una propuesta en la que el lenguaje multimedia, el trabajo visual y el diseño sonoro se transforman en aliados constitutivos de este bello viaje cargado de mojones tiernos, una balada pop, un balbuceo entrañable, un final de película y un mini-mini álter ego.

Con todos estos elementos en juego, el salto al precipicio al que alude el título se transforma en un trampolín desde el cual, como dice Cortázar en Rayuela , "lo mejor, sin lugar a dudas, hubiera sido inclinarse hacia afuera y dejarse ir, paf, se acabó". Claro que ella, en el mismo momento del paf, haciendo equilibrio sobre sus dos hermosos zapatos, pega la vuelta para volver a andar porque tiene mucho de maga: una maga en blanco y negro, pero maga al fin y cargada de matices.

Más en La Nación

En El Piccolino, Fitz Roy 2056 (4779-0353). Viernes, a las 23.30.

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