Enrique Papatino: Amalfi


Sobre la imposibilidad del regreso

El actor descubrió de casualidad sus vocaciones de dramaturgo y director: no encontraba textos a la medida de los grupos a los que enseñaba. Su última obra arranca cuando un hombre vuelve de la guerra y encuentra a su mujer con otro.

“Esencialmente soy actor”, afirma Enrique Papatino, quien, casi sin proponérselo, desarrolló paralelamente una carrera como dramaturgo y novelista. Intérprete habitual en los últimos proyectos dirigidos por Enrique Dacal (Procedimientos y Cartas de amor a Stalin, entre otras), el actor cuenta con un grupo propio desde 2005, con el cual estrena sus textos. Su obra Amalfi, premiada por el Instituto Nacional del Teatro y el Getea, acaba de subir a escena en el Teatro del Abasto (Humahuaca 3549), con un elenco integrado por Eduardo Leyrado, Mariel Rosciano y Jorge Albella, miembros del grupo que el autor dirige, Caue Canem (en latín, Cuidado con el perro). La situación inicial presenta a un hombre, Ascasubi, quien, al regresar de la guerra, encuentra que Carmela, su mujer, ha decidido rehacer su vida junto a otro. Con una cuota de humor poco convencional, el autor le otorga al trío la posibilidad de rever ciertas cuestiones a partir de una extraña convivencia, hasta que toda forma de comprensión se vuelve imposible. Especialmente para ella, que experimenta un cambio de perspectiva en relación con sus expectativas de vida.

Ligado a la actuación desde la infancia (su padre lo animó a estudiar con Pedro Aleandro, su propio maestro), Papatino continuó su formación con Augusto Fernandes y Raúl Serrano. Pero como autor comenzó a probarse recién cuando tuvo a su cargo cursos de actuación, a raíz de que no encontraba textos dramáticos a la medida de su alumnado. Así, sin darse cuenta, fue descubriendo una vocación que ignoraba que tenía. Como la mayor parte de los nuevos dramaturgos, pasó por los talleres de Mauricio Kartun y de Ricardo Monti, quienes le enseñaron a comprender los mecanismos de la escritura para la escena. “Mi forma de entender la dramaturgia fue cambiando porque me despojé de la presión de escribir bien: ese ‘vicio’ de escribir en forma bella ahora la reservo sólo para las didascalias”, asegura Papatino, consciente de que las acotaciones escénicas no deben ser un imperativo a la hora de la puesta sino una manera de introducir al potencial director de ese texto en un mundo particular, que espera ser apropiado. “Para escribir soy muy argumental porque mis personajes hacen comprensible todo lo que ocurre, aunque hay algunos elementos que siempre quedan oscuros, incluso para mí mismo”, concluye.

Más en Página/12

Comentarios

Entradas populares de este blog

Andrea Gilmour

Raúl Baroni, Lorena Romanin y José Maldonado: Bernarda Alba al desnudo, Julieta y Julieta, y Estúpidamente Medea

Maruja Bustamante: Una forma más honesta