Una visita inoportuna


Sólo quiero ver a la enfermera

A pesar de ser uno de los autores más originales de la literatura argentina, con una obra poblada de travestis, gays y transexuales, Copi es autor escamoteado a los lectores y espectadores argentinos. El hecho de que Moria Casán –autoproclamada “primer transexual argentino”– haya decidido protagonizar Una visita inoportuna, la última pieza del autor, dedicada al sida, es a la vez una idea demencial y obvia. Curioso por verlo, Radar asistió al show montado alrededor de la mujer que, hace un mes, interpretó a Julio César de Shakespeare (y se comparó con él).

El espectáculo no empieza puntual. Culpa de ella. Mientras maquilla su propia máscara y se traviste de enfermera infartante, da conferencia de prensa, haya o no haya prensa. “Sigo haciendo teatro porque vendo entradas. ¿Dónde vas a encontrar una mujer que supere a Moria? Casi dos metros, mona, inteligente y divertida. Yo soy el gran travesti argentino. No paro nunca. Me enrosco la pija al cuello y salgo para adelante.” Más que una mujer, se propone como exceso de mujer; más que un hombre, representa el deseo travesti cumplido. Por eso le ha resultado tan molesta la llegada de Florencia de la V a la escena nacional y le inspiró tanto comentario desafortunado sobre quién es auténtico y quién no.

Acá no hay trucos: deja que le saquen las fotos que quieran. Es un rito de open bambalinas que sigue al pie de la letra secundada por dos secretarios-guardaespaldas gays, o que actúan de gays, que le alcanzan cosas antes de que ella las pida, a veces por error. Coreografía que anticipa lo que va a ocurrir pronto en el escenario. El texto irónico, frenético y decadente de la última obra de Copi, en la que un actor enfermo de sida se dispone a actuar su muerte ante una fauna de visitas inoportunas, se representa adaptado a la medida de Moria Casán. El mes pasado, Julio César, de Shakespeare, corrió la misma suerte. Durante una función de teatro semimontado a beneficio de la Casa del Teatro, José María Muscari le asignó el rol de Julio César. ¿Esperaban que hiciera de Portia o de Calpurnia en una obra con tanta testosterona romana y misoginia isabelina? Mientras se dejaba asistir en plena escena por el mismo dúo que la acompaña ahora en el camarín, la Casán pareció advertir en el tercer acto que iba a tener que morirse antes de que terminara la obra. ¿What pass? Resuelve enseguida metiéndose en el cuerpo de su personaje, no con armas de actor clásico sino de invasora extraterrestre: “Al final es así, yo soy Julio César, me voy a morir y la gente va a seguir hablando de mí” (aplausos y risas).

Más en Radar

Comentarios

Entradas populares de este blog

Andrea Gilmour

Raúl Baroni, Lorena Romanin y José Maldonado: Bernarda Alba al desnudo, Julieta y Julieta, y Estúpidamente Medea

Maruja Bustamante: Una forma más honesta