Andrea Garrote: Niños del limbo


A flotar con la clase media

El limbo ideado por la tradición católica, adonde iban los niños sin bautizar, tiene su analogía en la obra con el encierro de cierto sector ilustrado de la sociedad que no siente culpa por los devenires políticos o sociales.

Al menos hasta 2007, el limbo era, para la tradición católica, el lugar donde moraban las almas de los que morían de niños, sin bautismo y sin haber cometido ningún pecado. Luego de que la Comisión Teológica Internacional se expidiera y decretara que el limbo no era más que “una hipótesis teológica, entre otras”, la actriz, directora y dramaturga Andrea Garrote tomó el tema para la escritura de su obra Niños del limbo, hoy en cartel los sábados y domingos en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 660. “El limbo fue invalidado por la misma institución que le había dado entidad unos siglos antes”, razona. “Ahora dicen que es un espacio imaginario, que no existe más.” En realidad, la autora se refiere al tema en cuestión para hablar de los sectores medios de la sociedad argentina.

Pero, ¿cómo relaciona Garrote al limbo con la clase media? La acción de la obra se sitúa en el living de Martina, donde funciona un taller de escritura creativa. La profesora intenta por todos los medios salvaguardar ese espacio de cualquier dato proveniente del afuera. El caso es que, durante sus reuniones y sin advertirlo, un grupo comando prepara una acción terrorista inspirado en una de las obras que ella menciona en el transcurso de la clase. Así, las situaciones que se generan mueven a la risa constantemente. “Ella no puede leer los datos de la realidad”, explica Garrote. “Tiene un saber para ofrecer, pero también tiene un gran problema de relación con los otros.” Por otra parte, como afirma la autora, “la ficción y la realidad tienen una enorme vinculación, son conjuntos infinitos que interactúan entre sí”. El elenco está integrado por Amanda Busnelli, Guillermo Jacubowicz, Alejandro Pérez, Javier Rodríguez, Mariano Sayavedra, Alejandro Zingman y la misma Garrote. La música original es de Federico Marquestó; la escenografía y las luces, de Pedro Piana y Santiago Badillo.

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