Marina Merlino: Nada del amor me produce envidia


El encuentro de mundos opuestos

Con pocas horas de diferencia, Merlino se entrega a dos experiencias teatrales muy diferentes: se luce en el melodrama musical Nada del amor me produce envidia, donde canta y actúa con dirección de Diego Lerman, y protagoniza Tú eres para mí, de Mariana Obersztern.

En una diminuta sala de teatro ubicada en una esquina de Palermo, los sábados casi a la medianoche sucede una experiencia íntima y poderosa. Marina Merlino, 38 años, actriz exquisita que prefiere elegir los trabajos antes que multiplicarse compulsivamente, se convierte durante poco más de una hora en una costurera de pueblo de los años ’30 cuya vida se limita a su taller. Muy dedicada, algo cursi y de una compostura impostada, canta tangos con voz finita mientras deshilvana un mundo de emociones contenidas entre retazos de tela, hilos y pruebas a un maniquí, su único interlocutor. Tan sólo una vieja máquina Singer, un cuerpo inanimado y un sutil diseño de luces bastan para que la intérprete chupe al público y lo envuelva en una atmósfera plácida. Habla y canta como si fueran una misma cosa, sin interrupciones, pero los mundos que disparan la palabra y la música son casi opuestos. Una apariencia de estabilidad, independencia y desamor por un lado; y una explosión de emociones y pasión por otro. Pasa de un registro al otro como si nada, con su vocecita aguda que se potencia al cantar, sus gestos delicados y precisos.

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