Javier Daulte y Alejandra Flechner: Caperucita –un espectáculo feroz–
Nota del 27 de agsoto
“No es el cuento, pero el cuento está”
El director y la actriz que encarna a Cora hablan del atípico método de trabajo que comenzó con los ensayos cuando la escritura aún estaba en proceso: un recurso que permitió exprimir aún más las posibilidades de cada personaje.
¿Por qué la madre de Caperucita no va a ver a su madre? ¿Y por qué manda a su hija a visitarla, cuando sabe que correrá un serio peligro al atravesar el bosque? Estas preguntas se hizo el dramaturgo y director Javier Daulte cuando decidió tomar el cuento tradicional que hicieron famoso Charles Perrault en el siglo XVII y los hermanos Grimm, dos siglos después (ver aparte). A partir de este relato clásico para niños, Daulte desarrolla una trama que involucra a tres mujeres solas y a un hombre que por lograr el amor de la más joven realiza un acto digno de un lobo feroz. Caperucita –un espectáculo feroz– se estrena hoy en el Multiteatro (Corrientes 1283; funciones de miércoles a viernes a las 21, sábados a las 21 y 23 y domingo a las 20), con las actuaciones de Valeria Bertuccelli (en el rol de Silvia/Caperucita), Verónica Llinás (la abuela Eloísa), Alejandra Flechner (Cora, la madre) y Héctor Díaz, como el mentalista enamorado que saca a relucir sus poderes para sacar provecho de la situación. “Una comedia sobre el amor y sus excesos”, es una frase que define este nuevo trabajo del autor de La felicidad y ¿Estás ahí?, entre muchas otras (ver La ficha).
Daulte sabía que estaba escribiendo para los actores que iban a encarnar esos roles. De modo que los ensayos comenzaron cuando apenas estaba concluido el primer acto. “Yo sabía cómo iba a terminar la historia”, cuenta el autor en la entrevista con Página/12, junto a Flechner, “pero a los actores les quedaba la duda –como va a pasarle al espectador cuando vea la obra– si la historia es la misma que ellos conocen”. ¿Pero cómo es para un actor comenzar a ensayar sin saber cuál será el destino de su personaje? “Trabajar un rol sin tener idea de lo que va a ocurrirle es muy creativo –contesta Flechner–, porque se tiene total libertad, sin prejuicios ni preconceptos.” Y si bien es cierto que la historia de Caperucita es muy sencilla, la obra de Daulte contiene algunas situaciones que dotan de cierto extrañamiento a la trama conocida por todos: “De todas formas –concluye la actriz–, la obra es muy fácil de ver porque salta del escenario a la cabeza del espectador: tiene un humor que lo captura y lo revolea, que lo divierte y, a la vez, lo emociona”.
La prehistoria del proyecto puede encontrarse en la propia biografía del autor: “Fui criado en una casa con tres generaciones de mujeres, mi madre, mi abuela y mi hermana”, cuenta Daulte. “Por lo cual yo, siendo el menor y el único varón, de algunas cosas era sólo testigo y no partícipe. Así que mucho de lo visto y oído debe haber quedado dando vueltas en mí. Aunque no era consciente de eso cuando escribía.”
Más allá de las fuentes de inspiración, a Daulte le interesa construir “un relato consistente, que me den ganas de contarlo como director”. Las características de estas tres mujeres que viven unidas por vínculos extremos las explica Flechner: “Cora, la madre de Silvia, está en el medio, de modo que es madre e hija a la vez. Por su lado, Eloísa tiene una hija y Silvia, una madre y una abuela. Es por esto que la obra dice algo a todas las mujeres, porque se podrían identificar con cualquiera de las tres”.
–¿En cuál de las versiones del cuento se inspiró?
Javier Daulte: –Hay muchísimas. En la de Perrault el lobo se come a los personajes y en la de los hermanos Grimm se introduce al leñador que saca a Caperucita del vientre del lobo. Pero hay otras versiones en las que pasa de todo. Nosotros proponemos un juego al espectador: la obra no es el cuento, pero, sin embargo, el cuento está allí.
Alejandra Flechner: –Cuando leímos la obra, a diferencia de Javier, yo no podía “ver” el espectáculo, porque algo muy importante de la obra comenzaba a revelarse en la medida en que ensayábamos. Creo que fuimos pasando del plano al volumen y que el resultado es parecido a esos libros de cuentos troquelados.
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