Centro Cultural Ricardo Rojas

Nota del 1 de septiembre
Cumple 25 años un baluarte de la renovación
Como festejo, habrá una amplia programación
En lo que va del actual período democrático, ninguna otra institución pública supo entender, contener y expandir a los artistas emergentes como lo hizo (y en cierta manera, lo sigue haciendo) el Centro Cultural Ricardo Rojas.
A fines de los ochenta y principios de los noventa, por allí pasaron todos los viejos peinados nuevos de la época que, desde la nada, comenzaron a romper las estructuras establecidas. Desordenadamente y sin intención cronológica alguna, se subieron al escenario Los Melli; el escritor César Aira daba una charla; el grupo Las Gambas al Ajillo hacía furor; la directora Vivi Tellas creaba un ciclo que tendía un puente entre los museos y la investigación escénica; Beatriz Sarlo y Ricardo Piglia reflexionaban sobre cultura y democracia (en esa mesa redonda, según cuentan, en 1984 nació el Rojas); la coreógrafa Adriana Barenstein fundaba una compañía de danza-teatro; tomaba impulso el ciclo Molotov, mientras Jorge Gumier Maier armaba la galería de arte. Claro que frente a cada una de estas experiencias había un público que, después de los años de dictadura, buscaba aire casi con desesperación. En retrospectiva, el Rojas fue eso: una maravillosa bocanada de aire fresco que supo sintetizar las necesidades de su tiempo.
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