Pepe Soriano y Leonardo Sbaraglia: Contrapunto


“El prestigio no nace solo, se nutre del profesionalismo”

Entusiasmado por la puesta que dirige Agustín Alezzo en Multiteatro, el dúo no olvida, sin embargo, las dificultades que enfrenta la actividad teatral: “Buenos Aires tiene espectáculos increíbles, pero miremos a quienes los hacen posibles”.

El novelista Andrew Wyke dicta al grabador un fragmento de su novela: “... me pregunto si podría explicar cómo se las arregló el asesino para depositar el cuerpo de su víctima en el centro mismo de la pista de tenis y desaparecer sin dejar la más leve huella en la tierra roja...”. El escritor se entusiasma con el enigma que él mismo propone, y lo festeja en soledad saboreando un trago hasta que llaman a la puerta: el visitante es Milo Tindle, el joven amante de su mujer, el “descarado” que llega para pedir que le otorgue el divorcio a Maggie, la mujer que comparten. De este tono es el comienzo de Contrapunto (en el original Sleuth, huella), obra del inglés Anthony Shaffer que presentan Pepe Soriano y Leonardo Sbaraglia en Multiteatro, acompañados por Félix Volpini, el certero detective que define el final de esta atractiva puesta de Agustín Alezzo. La obra de Shaffer (1926-2001), publicada en la década del ’60 y llevada al cine en dos ocasiones, atrapó a Soriano cuando conoció personalmente al británico Kenneth Branagh, director de la segunda versión fílmica. “Tuve oportunidad de hablar con él, y cuando me dijo que la obra estaba editada la busqué. Antes de este encuentro me había llamado el productor y empresario Julio Gallo por una pieza sobre Orson Welles, pero no me convenció: había demasiados nombres de Hollywood; gente que acá no se conoce, cuenta Soriano en la entrevista con Página/12, junto a Sbaraglia, el Milo de Contrapunto. “Le llevé esta obra a Julio, le gustó y me propuso como director a Agustín Alezzo. Una decisión maravillosa porque me trajo el recuerdo de cuando actuamos con Agustín en Adriano VII, de William Rolfe, un espectáculo que dirigió Carlos Gandolfo en el San Martín. Después convinimos en incorporar a Leonardo.” En la pieza teatral el “contrapunto” es incesante, tanto como en la traslación al cine, la primera, descubierta por Sbaraglia gracias a que un amigo español le alcanzó un DVD. La dirigió Joseph L. Manckiewicz en 1972 y actuaban Laurence Olivier y Michael Caine: “Me quedé de piedra con los trucos”, sintetiza. “Además, en el cine todo parece muy verosímil.”

–¿El teatro exige imaginar más?

Leonardo Sbaraglia: –Puede ser, pero igual acá estamos llenos de efectos especiales. Y las escenas de disfraces son muy teatrales.

–Finalmente, ¿éste es también un juego de actores? Milo dice serlo y el novelista de policiales guarda disfraces.

Pepe Soriano: –Pero atención que el juego no es lo único en la obra. En esas situaciones delirantes que se dan entre estos personajes aparecen la omnipotencia, la vanidad extrema y el deseo de dominar.

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