El desarrollo de la civilización venidera

Henrik Ibsen, según la mirada de Veronese
El director trajo Casa de muñecas al presente
Puede resultar extraño encontrar en este presente resonancias de un texto como Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, una pieza tan definitoria para la sociedad de fines del siglo XIX. Que Nora, la protagonista, se fuera de su casa y dejara a su familia después de un fuerte enfrentamiento con su marido, resultaba irreverente para su tiempo y, a la vez, señalaba que la mujer podía adquirir una libertad impensada hasta entonces.
En la versión que hoy propone Daniel Veronese la historia está respetada, se eliminaron algunos personajes menores y se fortaleció y se acrecentaron las conductas de los cinco personajes centrales. El ámbito escenográfico es pequeño y definitorio a la hora de encerrar la energía que cada uno de esos seres despliega; lo que, por momentos, torna más vibrante la acción.
Así, el espectador no reparará únicamente en el devenir de Nora, sino que, cada uno de los personajes encontrará un espacio para imponer lo suyo y, en algún momento, se armará un ping-pong de enfrentamientos en el que nadie quedará excluido. Cada criatura con sus mentiras, intrigas, resentimientos y hasta con severas aprobaciones, ha cambiado el eje de una familia, en apariencia bien constituida, para transformarla en un infierno en el que, hasta asomará la violencia física. Pareciera que esa violencia siempre ha estado en ellos, escondida detrás de máscaras de lo más diversas.
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