American Mouse

Relato perverso en primera persona
Lautaro Vilo vuelve a echar mano a la realidad -la suya- para ofrecer una obra potente y sumamente inteligente
Desde hace ya muchos años Lautaro Vilo experimenta sobre ciertas líneas estéticas y teatrales que dan por resultado un teatro minimalista, que logra desplegarse a través de los méritos que él, en tanto intérprete, sabe otorgarle. Tanto en Un acto de comunión como en Cáucaso , Vilo puso reflexionó sobre el poder narrativo de la escena y los diversos modos de representar. Por eso redujo al mínimo el despliegue escénico, para depositar la representación pura y exclusivamente en la mente del espectador a través de los estímulos lingüísticos que él como relator producía. Y lo lograba. Sin necesidad de discursos grandilocuentes ni parafernalias de ningún tipo, producía la sensación de estar dentro del propio teatro moscovita o en la mente de un caníbal.
En este caso se sirve de otro tipo de anécdota, ya que es algo más privado pero que permite desplegar una imagen muy crítica del mundo. Porque siguiendo los lineamientos básicos de una biografía, Vilo va relatando parte de su vida familiar, sus estudios, su estadía en Tandil y su relación con Mauricio Kartun, entre otros tantos momentos aparentemente definitorios de su personalidad. Como corolario de todo esto la historia social y política argentina irá apareciendo a medida que los datos lo requieren.
Más en La Nación
Sábados, a las 22, en El Kafka, Lambaré 866.
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