Florencia Peña y Luis Luque: Frankie & Johnny en el Claro de Luna
Florencia Peña, Luis Peña: el amor es más fuerte
Llevarán adelante, dirigidos por Leonor Manso, "Frankie & Johnny en el Claro de Luna", de Terrence McNally, una historia que a fines de los '80 fue un éxito teatral y después, con Al Pacino y Michell Pfeiffer, refrendó laureles en el cine. Serán dos perdedores que vuelven a apostar por la vida. Dicen que el desafío los entusiasma y que deben vencer prejuicios del medio para este trabajo.
Un llanto suave, de vez en cuando, se cuela en la charla. Más tarde, cuando la entrevista haya terminado, Florencia Peña presentará al benjamín de la casa: Juan, quien acaba de cumplir sus ocho meses. Toto, el hijo mayor, está cursando su primer grado y eso moviliza a la mamá, quien ya ve en su primogénito a un hombrecito. Luis Luque (apodado "Pipo") no pierde ocasión de hablar con orgullo de Santiago, su hijo de 21 años que estudia cine y Artes combinadas, además de japonés -es hijo de la actriz Silvia Kutica, mujer de Luque, pero el actor lo siente propio-. Tampoco se privan de hablar de sus respectivas parejas: el músico de jazz Mariano Otero, esposo de Florencia, hasta aparece en la escena del reportaje para saludar. Y Luis se refiere a Silvia en varias oportunidades. Es que la obra que pronto estrenarán gira en torno al amor. Entonces, ¿de qué otra cosa hablar? Tan involucrados están en el proyecto, que las reflexiones que les sugiere el libro las traen a colación permanentemente.
Frankie & Johnny en el Claro de Luna, de Terrence McNally, bajo la dirección de Leonor Manso, es una pieza "chiquita", explican sus protagonistas. Será porque se trata de una historia sencilla, con una puesta para sólo dos actores, que habla de seres comunes. Pero a la vez es "grandiosa", ya que aborda cuestiones trascendentales. Dos "perdedores". Eso son Frankie y Johnny. Se encuentran en una gran ciudad, donde la única alternativa para salvarse es el amor. Frankie es moza de una cafetería y Johnny, el nuevo cocinero. Son dos corazones solitarios.
En el barrio de Palermo, ante el enorme ventanal que da al patio de la casa de Florencia, frente a una pileta repleta de hojas del otoño, sentados alrededor de una mesa, los actores se aflojan antes de que se encienda el grabador. Temas como el compromiso político ante la proximidad de las elecciones, la juventud y el vacío cultural copan la escena. El desafío: lograr que sigan diciendo cosas interesantes cuando la cronista apriete "rec" y se encienda la luz roja. No es difícil. Esta dupla sabe de qué quiere hablar, qué pretende decir y cómo no pisarse las voces, siendo dos verborrágicos divertidos, a los que les cuesta ceder la palabra. Pero lo logran.
"Yo creo en el amor. Es el vínculo más sano y poderoso, que te salva la vida", define "Pipo" y agrega: "Entonces, es muy apasionante hacer esta pieza". Porque Frankie & Johnny "es una historia de amor. Para el público va a ser como estar espiando una pareja", continúa. "No es una comedia romántica de Meg Ryan", aclara Florencia. "Es una obra que sin ser pretenciosa, es muy profunda", sigue la actriz. "Cuenta la historia de estas dos soledades: seres que se conforman con la vida que tienen, que podrían vivir y morirse así. Está lleno de gente que tiene sueños que no puede cumplir y cuya única posibilidad es llegar a fin de mes, pagar el alquiler y sobrevivir de la mejor manera", explica la actriz. "De repente aparece una oportunidad, una luz. No todos están capacitados para que el cambio los sorprenda", dice ella. "El cambio es un riesgo", dice él.
Es un trabajo "muy despojado", lo definen. También como "una pieza cruda y esperanzadora". A Frankie y Johnny les cuesta, pero lo intentan. No les es fácil exponerse frente al otro, desde el aspecto físico, hasta el espiritual. A Johnny le da vergüenza mostrar su panza. Para Frankie no es fácil hablar de la violencia que sufrió. Pero ahí están, durante una hora y cuarto, en una cita que sucede en tiempo real, en una habitación sin decorado, entre sábanas, que comienza con un encuentro sexual. Después, aparecen las razones para no juntarse. Sus historias de vida, los miedos, la maternidad y la muerte. Ella había decidido no enamorarse más. El intenta mostrarle que vale la pena. Entonces se eligen. Una obra para reírse y también para conmoverse.
Pero los fantasmas no sólo se proponen amedrentar a las criaturas de ficción. A las de carne y hueso también. Aquí, el fantasma de los prejuicios los acecha. Claro que no es el caso de personas que se dejen asustar fácilmente. "Hay un prejuicio terrible con respecto a de dónde venimos cada uno de nosotros y a la posibilidad de que volvamos creíble el amor entre nuestros personajes. Sé que es una locura del afuera", dice Luque.
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