Arístides Vargas: La razón blindada


Un retrato de la vigilancia máxima

Inspirado en los viajes que realizaba su padre al penal de Rawson para ver a su hermano, el fundador del grupo Malayerba reconstruye en escena una “franja ambigua donde son llevadas las personas para ser corregidas y controladas”.

Unos personajes se reúnen un solo día a la semana para contarse una historia en un lugar no explicitado pero de extrema dureza. La acción sucede en un espacio donde sin embargo se intenta mantener la entereza y mitigar dolores con la fantasiosa representación de otras realidades. La razón blindada parte de un lugar y una situación semejante, que no es íntegramente ficción. Arístides Vargas –autor de esta pieza y fundador del Grupo Malayerba, de Ecuador, que la presenta por tres días en Buenos Aires– partió de una experiencia familiar. Vargas, que nació en Córdoba, pasó su niñez y adolescencia en Mendoza y a los 22 años debió tomar el camino del exilio, cuenta que su pretensión era “escribir sobre los viajes que realizaba mi padre hasta el penal de Rawson para ver a mi hermano Chicho, detenido por su militancia política en 1975”.

Con ese propósito reeditó el trayecto de su padre (que murió en uno de esos viajes de un ataque al corazón) junto a Chicho, liberado después de una detención de ocho años y establecido en Mendoza, donde se ocupa de teatro callejero, popular y comunitario.

–¿Su padre hacía ese viaje solo?

–Sí, desde Mendoza a Rawson, y como no había un camino directo y no tenía dinero venía a Buenos Aires y desde aquí al Sur llevado por camioneros. A mí siempre me inquietó ese viaje porque tardaba muchos días en llegar. En aquella época sólo se podía ver al preso una determinada semana al año.

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Conjunción de situaciones

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