Ana María Bovo: Así da gusto

“Decidir lo que no se cuenta es una renuncia importante”
La escritora cuenta su experiencia en el Maipo Club, donde se encontró con piezas de historia que le dieron potencia a una obra donde por primera vez asume una única identidad: “Construí el personaje más alejado de mi enunciación como narradora”.
Se llama “vestidora” a la encargada de ayudar a los actores y bailarines a realizar sus cambios de indumentaria. Pero en un teatro de revistas, esta tarea implica otras habilidades: ajustar “concheros” y “boleros”, pintar de dorado la piel de alguna de las estrellas del ballet, ajustar tocados emplumados y hasta rociar de spray para el pelo las piernas de alguna bailarina que necesite tensar la piel para disimular la celulitis. El vestuario es el hábitat natural de la vestidora: allí se concentran las colecciones de ropas y accesorios que visten los artistas en cada producción, rigurosamente clasificados en percheros o bien colgados del techo. Este es el refugio de Olinda Petrungaro, el personaje que interpreta la actriz y narradora Ana María Bovo en Así da gusto, espectáculo recientemente estrenado en el Maipo Club (Esmeralda 449) que hace funciones los martes a las 20.30 y los domingos a las 17.
Creadora de Hasta que me llames y Maní con chocolate, amén de una amplia colección de antologías de cuentos (ver La ficha), ésta es la primera vez que Bovo concreta un espectáculo vertebrado por el mismo personaje, una vestidora criada en el Maipo, que creció acompañando a su abuela y a su madre, ambas encargadas de la misma tarea que ahora ella desempeña. Así, los camarines y el detrás de bambalinas fueron desde siempre una extensión de su propia casa. Familiarizada desde la niñez con los nombres de las estrellas de antaño, Olinda sigue admirando a Margarita Padín y a Olinda Bozán (de ella recibió, precisamente, su nombre), a Pepe Arias y a Niní Marshall. Bovo detalla en la entrevista con Página/12 que trabajó en dos niveles para presentar el panorama de lo verificable y de lo verosímil. Así es como “Olinda resulta verosímil porque no da datos falsos sobre lo que ha visto en el teatro”, según puntualiza la creadora e intérprete del espectáculo.
El punto de arranque de Así da gusto es la obsesión de Olinda por conocer un volcán en actividad. Y es este berretín el que habilita su aparición en escena: para darle la oportunidad de ahorrar unos pesos, el productor Lino Patalano (en la ficción, claro) le ofrece hacer horas extras desde el mismo escenario, interpretando un monólogo sobre sus recuerdos como vestidora en el teatro. “Cuando me llamaron el año pasado por los 100 años del Maipo me pareció interesante ofrecer una historia informal del teatro”, cuenta Bovo. “Entonces pensé en hacerlo desde la mirada de una persona que ha pasado toda su vida allí adentro, haciendo el mismo trabajo que hicieron su abuela y su madre.” Según cuenta, su proceso de documentación fue extenso: vio películas, documentales y leyó las investigaciones de Claudio España y Clara Zapettini sobre el tema, éstas últimas, especialmente realizadas para el ciclo Historias con aplausos.
–¿Qué cosas le llamaron la atención a partir de la observación directa en el Maipo?
–Pasé tardes enteras en el teatro. Me produjo una gran empatía ver a las vestidoras, esos seres silenciosos que tienen tanta intimidad con el cuerpo de otros. Que a veces no son tomados en cuenta en las conversaciones, aun cuando están presentes, en pleno trabajo. Como necesitaba recrear el clima del vestuario pedí permiso para ver La rotativa del Maipo desde atrás, para observar cómo el asistente y la jefa de vestuario hacen sus tareas. Para ver cómo la figura sube a escena luego y cómo los maquinistas –tan profesionales ellos– trabajan sin mirar a las bailarinas, que van casi desnudas.
Más en Página/12
La ficha
Sobre el oficio de narrar
Comentarios