Tango turco

Fuga por el mundo con espíritu bien tanguero
Lorenzo Quinteros define bien la obra de Rafael Bruza
Tango turco posee todos los elementos que conforman la temática tanguera: el amor, la pasión, la traición, la muerte. En esta comedia que roza el absurdo, Bruza plantea la relación amorosa de dos amantes que caen en el crimen, el del marido, para poder sostener sus aspiraciones pasionales.
Cuando creen que todos los problemas se resolvieron deben convertirse en fugitivos de una ley que parece tener los brazos más largos que el diámetro de la Tierra. Esto viene a cuento porque los protagonistas escapan por diferentes países de Europa, Asia Menor, Medio Oriente y África, cargando sus miserias y, en el caso de él, una paranoia en crescendo que no le da descanso. El único recurso que tienen para sobrevivir es cantar tangos, en la calle y a la gorra, pero necesitan un instrumento que los acompañe. Aquí aparecerá el Turco, guitarrista, que se convertirá además en otro compañero de fuga. Claro que él, libanés, tiene su propio sentimiento de culpa y sus motivos personales para escapar.
Con diálogos y mucho humor se plantea cada una de las situaciones, pero es en la suma de escenas donde se diluye la tensión dramática y las acciones se vuelven reiterativas.
Pero, con la puesta de Lorenzo Quinteros se agiliza el ritmo sin perder de vista la factura estética, que se engalana con las proyecciones de imágenes y el recurso escénico de los carros transportables. También el vestuario es ilustrativo a la par que vistoso.
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