Por el placer de volver a verla


Por el placer de volver a verla

Llegan temprano y hacen escala en un bar restaurante cercano, o hacen una ronda de mate previo a subir a escena: Manuel Callau y Virginia Lago, hijo y madre en una puesta que llevarán de gira al interior.

Sólo dos actores saldrán a escena en un rato. En la previa, ellos preparan a sus personajes, seres llenos de ternura y algunos berretines que se encuentran para revivir el ayer y poblar el escenario de recuerdos. El hijo, un afamado escritor, actor y director, quiere volver a ver a su madre, ya fallecida. Y la magia del teatro hace posible el deseo. Virginia Lago y Manuel Callau protagonizan Por el placer de volver a verla, de Michael Tremblay, una obra que se estrenó en Mar del Plata durante la temporada de verano y que ahora se presenta en Buenos Aires, en el Multiteatro.

Los actores, junto al director de la puesta Manuel González Gil, suelen tomar un cafecito antes de la función. Llegan temprano y hacen escala en el bar-restaurante que está a pasos del teatro.

En la obra interpretan a Naná y Miguel. El pasado de estas criaturas vuelve a cobrar vida a través de imágenes que el relato sugiere, dibuja, les regala. Tal vez contagiados por el espíritu nostálgico de la pieza, Virginia y Manuel hurgaron en sus propios arcones y en los camarines sobran las fotos. Incluso, en la pared de un pasillo que comunica los camarines de uno y otro, colgaron fotos de figuras emblemáticas del espectáculo que los inspiran cada noche, cuando salen a hacer la función. Artistas como Tita Merello, Alberto Olmedo, Libertad Lamarque, Luis Sandrini, entre muchos otros, están allí. Y prometen seguir agregando.

En el camarín de Virginia, además del vestuario y la peluca, con los que caracteriza a un personaje que tiene más edad que la actriz, tiene una foto del Che Guevara y otra de Bette Davis. Y los infaltables retratos familiares: Virginia con su esposo, el actor Héctor Gióvine, y otra con su nieta, la pequeña Simona.

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