Nacha Guevara


Nacha, la abanderada de la farándula política

Artistas al poder, con políticos en retroceso, es una tendencia que se afirma cada vez más y de la que fue precursora otra actriz: Eva Perón

Ante el claro retroceso de las ideas y la evidente ausencia de plataformas y planes para gobernar, que exhiben por igual el oficialismo y la oposición, la notoriedad por sí misma se ha convertido en un valor estimable, si no para paliar por completo tan hondas carencias, al menos para disimularlas un poco y repercutir en los medios.

Se rompieron, ya hace rato, los compartimentos estancos que antes ocupaban, bien separados uno del otro, los políticos, de un lado, y las figuras de la farándula y el deporte, en el extremo opuesto. Ahora, cada vez más se entremezclan indistintamente y se contagian modalidades que antes eran exclusivas de cada bando.

El fenómeno tiene sentido: tanto las dirigencias se han ido vaciando de contenidos concretos y convertido en refugio de no pocos oportunistas que se enriquecen mucho más de lo que aportan, que la política fue cediendo su lugar de eje influyente y de cohesión de las sociedades a manos de la comunicación, en sus múltiples vertientes (los medios tradicionales, emisores fuertes y verticales que históricamente abastecen a audiencias pasivas, y, últimamente, los que surgen de la interactividad, mucho más horizontales, donde el papel de emisor y receptor no sólo tiende a diluirse, sino a intercambiarse, y la agenda de temas puede mutar de manera mucho más acelerada).

"Cualquiera puede ser una celebrity ahora y, tras lograrlo, crear opinión", decía el diario español El País , el domingo último, en una nota que tituló "El pernicioso virus de la fama".

En efecto, mientras la presencia de los políticos convencionales se encoge en los medios, los artistas ya no se refieren sólo a los espectáculos que protagonizan o a sus ruidosos romances, sino que toman temas que hasta no hace mucho les eran totalmente ajenos: Madonna nos habla de la cábala; Sharon Stone, de la independencia del Tíbet; Bono se convierte en columnista estrella de The New York Times, y Angelina Jolie, en embajadora de buena voluntad de la ONU. En paralelo, la TV mundial expande como peste mil y una variantes del reality show , formato que lanza con vertiginosa rapidez a nuevas y precarias celebridades al ruedo. "¿Por qué ahora todo el planeta aspira a ser famoso por el simple hecho de serlo?", se pregunta El País , en la nota mencionada.

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