Moc y Poc

Dos señores absurdos y divertidos
Es ingeniosa y chispeante la historia que ideó Luis Pescetti y que recrea el Grupo de Titiriteros del San Martín
En este espectáculo de los titiriteros del Teatro San Martín hay un refinamiento en el uso de los códigos del teatro de títeres, que proporciona, además, sutiles claves para que el público se vaya situando en la propuesta de ver en el teatro a estos personajes de Luis Pescetti, y escucharlos. Propuesta que no es fácil, porque el espectáculo no tiene un hilo argumental sino que juega al tradicional varieté. Porque es visualmente austero, porque no utiliza efectos ni despliegues escenográficos, porque viaja por un texto humorístico, porque utiliza pausas significativas, cambios de ritmo y finales sorprendentes para comunicarse y porque convoca a grandes y chicos.
Uno de los aciertos es ese telón rojo aterciopelado que cierra la boca del retablillo, y que parece decir a los gritos: "¡Aquí va a haber teatro!", abriendo la puerta a la fantasía, la emoción, y en este caso, también al delirio. Ese telón que uno espera se vuelva a abrir, cada vez que se cierra, porque quiere más de esa magia.
Otro acierto, es la música, excelente creadora de climas y narradora de imágenes que continúan la ilusión cuando no está haciendo comentarios a la acción.
También es un logro el uso de la técnica de títere de mesa, pero valiéndose de la luz negra para dejar a los personajes solos, para que la atención converja en ellos y sus ocurrencias, como en un cómic. Allí se hace evidente el trabajo interpretativo del elenco y de los responsables técnicos.
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