Minetti

Minetti, una sólida y singular versión
El austríaco Thomas Bernhard propone en Minetti una experiencia muy singular. Parte de la historia de un viejo actor (Bernhard Minetti) que, en escena, reflexiona sobre cuestiones del teatro, los clásicos, los personajes; en una ciudad, Ostende, Bélgica, en la que nunca se supone que estuvo. Espera a un director teatral que le ha dado esa cita para concretar su vuelta al teatro, después de 30 años, y para representar Rey Lear, de William Shakespeare, pero el director nunca llega. ¿Qué es lo singular? El procedimiento de una trama que se construye entre unas verdades que no son tales y unas mentiras que, en verdad, son muy sabrosas y que posibilitan al espectador ingresar a un mundo fantástico muy atractivo.
En primer lugar, el del autor, que puesto a fantasear desde un personaje real nos hace jugar con nuestro pensamiento, manejando él los límites; y un personaje, ya mayor, cuyas angustias son muchas pero que, en esta puesta que se acaba de estrenar en el Celcit, se torna profundamente entrañable aunque aparezca decadente, parlanchín al extremo y expuesto en sus más íntimas miserias.
En un espacio despojado, Minetti (Juan Carlos Gené) y la Señora (Maia Francia) se descubren de continuo y a través de un vínculo que, a medida que se fortalece, los va desnudando con profunda sinceridad. Y tanta que, a veces, salen del texto de Bernhard para reflexionar sobre ese mundo de actores del que participan, al que de inmediato volverán a ingresar -máscara de por medio- para retomar la delirante situación que los ocupa.
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En Teatro Celcit (Moreno 431). Funciones: sábados a las 21 y domingos a las 20.
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