Memorias de una pieza

Las paredes tienen oídos... y alma

El actor y director Pablo Razuk diseñó la radiografía de una vieja casona

Historias de países, historias personales, historias públicas, historias de vidas famosas... No son temas que escapen al teatro y a los medios audiovisuales. Pero no es habitual ver o oír sobre la historia de una casa... o, más concretamente, de una habitación. Y cuántas veces uno se habrá preguntado íntimamente quiénes pasaron y qué ocurrió en el espacio físico que se habita. Pablo Razuk investigó sobre la historia de la casa donde se erige su Korinthio Teatro, uno de esos viejos edificios de más de cien años, de la zona céntrica porteña. Juntó información y se dio cuenta de que al contar la historia de un edificio podía contar la historia de una ciudad a través de sus gentes. Recopiló información y puso en funcionamiento su imaginación para idear a esas familias, a esos habitantes tan distintos, que le dieron utilidades y energías tan disímiles a esas paredes.

De ese modo, pasan desde aquellos primeros inmigrantes europeos de principios del siglo XX hasta los sudamericanos de hoy. Distintas costumbres, temperamentos y conflictos desfilan a través de una gran cantidad de personajes, que son devueltos a la vida a través de dos hombres opuestos, misteriosos, de personalidades intrincadas. Pero a esta idea potente y curiosa, se antepone una dramaturgia demasiado sencilla y previsible en algunos aspectos. Algunas escenas se vuelven postales, aunque la dirección de Razuk las hace vivas.

El numeroso elenco es muy heterogéneo y, por momentos, hay mucho barullo. Tanto Pablo Razuk (tiene un monólogo precioso) como Luis Gianneo sobresalen del conjunto con experiencia, aunque también hay algunos jóvenes talentos que se destacan, pero es difícil precisar sus nombres. Al resto le falta un pulido más profundo.

El espacio de esta amable sala es ideal para esta idea y, tal vez, con el tiempo se ajusten algunos engranajes.

Fuente: La Nación

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