Mariano Dossena: El tiempo y los Conway


“Palabra, situación y vínculo”

Así describe el director las cualidades que lo llevaron a elegir y montar una obra del inglés J. B. Priestley, que a pesar de haber sido escrita en 1937, no queda reducida a su época. “El tema no resiste fronteras estéticas”, dice.

Escrita por el inglés J. B. Priestley, estrenada en Londres en 1937, El tiempo y los Conway retrata los anhelos y frustraciones de los integrantes de una familia que vive en las afueras de Londres. Según anticipa el título de la pieza, con la idea de realzar los efectos devastadores del paso del tiempo, el autor intercaló entre el primero y el último acto –que transcurre durante una alegre velada, una vez terminada la Primera Guerra– un cuadro en el que se ve a los mismos personajes casi veinte años después, poco antes de comenzar la segunda gran contienda, sumidos en la desesperanza, a punto de perder todos sus bienes y la mayor parte de ellos, con sus ilusiones rotas. Así, el espectador puede asistir al fin de fiesta inicial con la ventaja de conocer de antemano el destino de toda la familia.

A pesar de las características de su estructura, su formato tradicional no hace de esta pieza un material demasiado frecuentado por los grupos de teatro. Además, los roles a representar son muchos: una madre, tres hermanas (la que sueña con ser escritora, la que muere muy joven, la que sólo desea casarse y la militante socialista) y dos hermanos, más amigos y pretendientes. No obstante, el joven director Mariano Dossena se animó a conformar el nutrido elenco (en el que se destacan Alcira Serna, Diana Kamen y Luis Gritti) para presentar la pieza en el Centro Cultural de la Cooperación, los domingos a las 20.30. Con una formación ecléctica (entre sus maestros figuran Juan Carlos Gené, Augusto Fernández, Rubén Szuchmacher y Luciano Suardi), Dossena recuerda este texto de Priestley desde que en la adolescencia lo leyó especialmente por su estructura, que lo aproxima al cine. Sin embargo, el aspecto decisivo fue otro. “Elijo una obra si me emociona y si a través de ella puedo contar algo de mí mismo”, precisa en una entrevista con Página/12. El director reconoce que, mientras estaba ensayando, les confiaba a otros teatristas el proyecto de su montaje y a muchos les parecía una apuesta fuera de época: “Me miraban raro, como si yo hubiese querido sacar a la luz una pieza de museo”, sonríe hoy. De alguna manera consciente de aquel peligro, para contrarrestar el efecto que también el tiempo pudo haber hecho con la obra, Dossena utiliza la traducción de Jaime Arrambide, que abunda en giros rioplatenses.

–¿Cómo eligió una obra que no tiene afinidades con las tendencias formales del teatro alternativo?

–Me decidí por un texto que podríamos llamar “clásico” porque vengo trabajando con autores muy sólidos en su textualidad, como Paul Auster o Marguerite Duras. Me interesa trabajar con la palabra, la situación y los vínculos. Y que exista una historia que contar. Me siento pleno a la hora de encarar un proyecto con el sostén de un texto potente: me gusta escuchar la propuesta del autor, que es para mí la materia prima del espectáculo.

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Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Los hechos "sin tiempo" como serían? Inimaginable pensar sin la perspectiva del tiempo. El tiempo es todo. En los Conway el tiempo no cronológico como recurso. El tiempo que transcurre,y los hechos quedan. A veces permanecen vivos, a veces permanecen muertos. Si no hay relato no quedan recuerdos. No queda nada.

Augusto Kodeká

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