La sombra de Federico
Lorca para ver y volver a ver
La obra, interpretada por Fabián Vena, Graciela Dufau, entre otros, se basa en los últimos días de vida del poeta.
Un impecable trabajo de dirección ha logrado que la puesta de La sombra de Federico -estrenada en la sala Casacuberta del teatro San Martín- sea un espectáculo para ver y volver a ver. Adelaida Mangani y Hugo Urquijo ensamblaron títeres y actores sobre el escenario de modo que la combinación resulta natural y atractiva. La historia que se cuenta es de un hondo dramatismo (matizado con pequeñas y justas dosis de humor), en un relato exquisito.
Fabián Vena, como el escritor español Federico García Lorca que vuelve de la muerte para tratar de entender su fusilamiento, encontró en su personaje una oportunidad que aprovecha en su totalidad. Vena se vuelve Lorca sin concesiones y cautiva a la platea en la piel del poeta.
La familia Rosales brinda refugio a Federico, pero termina siendo apresado allí. Esperanza Rosales, la madre de Luis (poeta amigo de García Lorca), es quien intenta protegerlo hasta el final. Graciela Dufau la interpreta; en su rol, con tono maternal lo contiene y hasta confronta enérgicamente con sus propios hijos por defender a Lorca. Aunque no se trata de un personaje de su obra literaria, Esperanza aparece aquí como una auténtica mujer del universo lorquiano.
Del argentino Eduardo Rovner y el español César Oliva, La sombra de Federico relata con actores y títeres las últimas semanas de vida de Lorca, teñidas de miedo, persecución, sangre y muerte. Pero también de poesía. La puesta, en manos de Mangani y Urquijo, tiene una armonía que delata la precisión con la que han encarado el proyecto sus directores. Ellos mismos asumieron la musicalización y con un repertorio españolísimo, hacen que las melodías que suenan lo hagan con una fuerza decisiva.
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