El batacazo


Dos criaturas con entrañable humanidad

Mauricio Dayub y Osqui Guzmán le dan vida a una pieza que trata de torcerle el brazo al destino

"El espíritu vive del azar, pero ha de echarle mano", decía Elías Canetti. El muy difícil desafío que esta frase del Premio Nobel de Literatura 1981 propone al hombre como filosofía para intentar regular su destino, algunas personas lo aplican a ciertos tipos de juego. Los apostadores compulsivos que en las ruletas inventan martingalas y toda clase de cálculos para predecir la aparición de los números son un ejemplo de ello. Creen que en algún momento descubrirán un misterioso orden en la imprevisibilidad y lograrán vencerla.

Uno de los personajes de esta obra de Mauricio Dayub, el que responde al apodo de Cobra, pertenece a esa raza de los que buscan doblegar al azar con un golpe de suerte. Y para hacerlo confía en una extraña teoría: supone que cambiándole el polo de energía negativa a un jettatore obtendrá que, aquello que siempre se expresó como mala racha, se trueque en un magnetismo benéfico. Para eso trata de convencer a un camillero que lo ha atendido hace poco en un hospital, el Nene, alias también Yeta, de que lo acompañe al parque de diversiones donde trabaja para ver si logran acertar en un juego cuyo premio codicia.

Cobra y Yeta son dos desamparados del mundo, dos excluidos en la distribución de los panes y los peces, que como Vladimiro y Estragón esperan algo, en su caso un súbito y mágico reordenamiento de los signos provistos por los hados que los saque de su mísera vida. Son dos seres tiernos, deliciosamente patéticos en su ingenuidad. Cobra -así llamado no por la serpiente de la India sino porque en el parque grita: "Apueste y Cobra"- como resultado de la obstinada esperanza que le atribuye a su método, el Yeta por la absoluta seguridad con que diagnostica a los demás dolencias de denominación llamativa y poco probables ("Lo suyo es agenesia glútea", le dice al Cobra debido a la pequeñez de su trasero).

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En el Chararerean Teatre. Nicaragua 5565. Viernes y sábados, a las 21; y domingos, a las 20.

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