Eduardo Rovner y Adelaida Mangani: La sombra de Federico

“No quisimos planteos realistas”
García Lorca vuelve del más allá a modo de sombra. El dramaturgo y la directora, responsables de la obra junto con César Oliva y Hugo Urquijo, señalan que concibieron tres niveles para la puesta: “El sobrenatural, el real y el de las evocaciones”.
“No hay más que un millón de herreros forjando cadenas para los niños que han de venir. No hay más que un millón de carpinteros que hacen ataúdes sin cruz. No hay más que un gentío de lamentos que se abren las ropas en espera de las balas...” Este es apenas un fragmento de Grito hacia Roma (de Poeta en Nueva York) que, a su manera, dirá un personaje en escena recordando al Federico García Lorca que ya a los veintitrés años había escrito “si muero, dejad el balcón abierto”. Palabras y metáforas como aquellas del poeta se constituyen en eje de La sombra de Federico, obra que tras la première de anoche se ofrece hoy al público en la Sala Casacuberta del TSM. Cuenta con dos autores y dos directores. Ellos son el dramaturgo Eduardo Rovner y el filólogo español César Oliva, quienes recortan de modo sintético y preciso obra y vida del poeta que nació en Fuentevaqueros el 5 de junio de 1898 y murió asesinado el 19 de agosto de 1936, en Viznar (Granada), después de un mes de comenzada la Guerra Civil (el 17 de julio), con el levantamiento del general Francisco Franco. De esta puesta de los directores Hugo Urquijo y Adelaida Mangani surgen evocaciones sobre el apresamiento y muerte del poeta, siendo Mangani quien aporta a la trama su experiencia titiritera y quien entre sus numerosos trabajos realizó dos recordadas puestas con títeres junto a Rovner: Tinieblas de un escritor enamorado y la pieza para niños Teodoro y la luna. Sobre La sombra...
Rovner memora su encuentro con el profesor Oliva en la Universidad de Murcia y la invitación a transformar en pieza teatral un texto alusivo a Lorca. Imaginar que el poeta regresa a modo de sombra que exige saber la razón del asesinato era natural para este autor que advierte en la prosa del granadino y en poemas como “Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino a Sevilla”, una premonición sobre el final de Lorca. Fue así que se inició una escritura a dos puntas en la que Rovner sigue destacando la destreza de Oliva (también director) para las transiciones escénicas.
A este sustento teatral se sumó un riguroso trabajo de investigación en el que es posible rastrear los estudios hechos por prestigiosos hispanistas, como el británico Gerald Brenan, el francés Claude Couffon y el irlandés Ian Gibson, pioneros en la mención de los nombres de los asesinos y sus fanfarronas confesiones, y de los asesinados junto a Lorca (los banderilleros anarquistas Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas, y el maestro Dióscoro Galindo González). En los textos de Gibson se alude al temor de Lorca ante la muerte y a la existencia de una carta dirigida a su padre Federico García Rodríguez, en la que le pide entregar una cantidad de dinero para salvar su vida. Pedido que el padre cumplirá sin saber que el poeta ya había sido fusilado. Volver sobre aquellos últimos momentos implica no desatender las contradicciones, entre otras las discusiones que señala Mangani referidas a los Rosales, una familia falangista con la que el poeta mantenía relaciones amistosas y en cuya casa buscó refugio (era amigo del poeta Luis Rosales). Esto no impidió que fuera arrancado de allí con gran despliegue de fuerzas el 16 de agosto de 1936.
–Han circulado muchas historias sobre la vida y obra de Lorca. ¿Las tuvieron en cuenta?
Eduardo Rovner: –César Oliva sabe muchísimo sobre Lorca y eso ayuda a ubicarnos. En este momento, Oliva dirige un proyecto para revivir La Barraca, el teatro de títeres con el que Lorca recorrió España. La sombra de Federico es resultado de ese conocimiento, de la debilidad de Oliva por La Barraca y los retablos; y el de mi debilidad por el más allá.
–Que años atrás manifestó junto a Adelaida en Tinieblas de un escritor enamorado, algo así como la recuperación del amor en el más allá.
Adelaida Mangani: –El regreso después de la muerte es un tema muy presente en Eduardo. En muchas de sus obras hay una obsesión por instalarse en el más allá, o volver del más allá.
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