Daniel Rabinovich
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Daniel Rabinovich: "Fui un nene profundamente infeliz"
Elige, lejos, "mi segunda mitad de la vida". Músico y actor, integrante de Les Luthiers, se sabe buen anfitrión. Colecciona sacacorchos. Y buenos vinos.
No es de ese tipo de gente que cae en las garras de la memoria balsámica, ésa que en pleno repaso del camino andado suaviza como al pasar los malos recuerdos. Si los hubo, y amerita, los cuenta. Como cuando, al echar la vista atrás sin bajar la vista siquiera, confiesa que "el recuerdo de la infancia me viene con bastante angustia. Fui un nene profundamente infeliz. Tengo muchísimas mejores sensaciones de mi segunda mitad de la vida que de la primera. Ahora no podría reconocerme ni loco como un hombre infeliz". Más allá del umbral de esa casa de Vicente López, con un fondo florido y un exquisito anfitrión, vive un señor que supo rearmarse sin olvidar. Daniel Rabinovich es de ese tipo de gente.
Entre el niño que fue y el artista que se animó a ser hay, sin embargo, algunas huellas que no permiten —ni se permite— disociarlos: "Yo era un pibe asmático y tengo vestigios de eso... También era llorón y terminé siendo bastante protestón. Pero sin renegar del que fui, me quedo con esta época, que es hermosa. Mirá, nosotros vivíamos en el Palacio de los Patos, en Palermo, y entre los 7 y los 10 años me mandaron a Mendoza, a la casa de una tía, para ver si con el clima de allá me curaba. Y me curé, por supuesto, pero tengo los costurones de lo que fue vivir sin mi padres, sin mis hermanos, lejos de mi ciudad. Allá me decían porteño, el agua, el chancho, en un tono muy despectivo".
Del otro lado del ventanal llueve y, adentro, el living huele a buen café, como buenos son los vinos que atesora en una bodega que él mismo construyó en el garage. Abre las puertas y el alma, ]casi en un mismo gesto. Y cuenta la historia de su preciada colección de vinilos o de cuadros o de libros. O de sacacorchos. Todas en una sutil franja asociada al placer.
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