Soñar en Boedo


La herencia y el desencanto

Una familia de barrio, que se ve sacudida por una sorpresa. Buenas interpretaciones para un texto de Alicia Muñoz.

Una familia del barrio de Boedo: un padre carpintero, una madre ama de casa, un hijo joven y sin rumbo, y una abuela que anda medio perdida en sus recuerdos. Les cuesta llegar a fin de mes. Leen el diario que les presta el canillita amigo y que luego tienen que devolver, porque no tienen dinero para comprarlo. La noticia de una generosa herencia abre la esperanza de cambiar esa dura realidad, a la que de algún modo ya están acostumbrados y que no los priva de cierto estado de felicidad. Pero poderoso caballero don Dinero hace de las suyas con estos seres que se resisten a "vender" su tranquilidad por unos pesos. Esto sucede en Soñar en Boedo, de Alicia Muñoz (la misma autora de Justo en lo mejor de mi vida), que se estrenó en el teatro Carlos Carella.

La herencia que le dejó un tío a Julián (Rubén Stella), ¿es realmente un golpe de suerte? Pochi (Mimí Ardú) cree que sí, que va a poder cumplir muchos sueños postergados. Franco, el hijo (Ignacio Toselli) supone lo mismo. Tonio (Esteban Prol), amigo de la familia, celebra la noticia. El único que no está tan seguro de que la herencia sea algo bueno es el propio Julián. Y Celia (Haydée Padilla) vive su mundo; ni siquiera acepta la muerte del difunto, un hermano suyo.

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