Silvio Lang: La señora Macbeth


Exorcismos para un clásico

El teatrista pampeano montó La señora Macbeth, de Griselda Gambaro, en un escenario no convencional: un ex molino de Santa Rosa. Este sábado la obra tendrá como invitada especial a su autora. Lang prepara además otros dos espectáculos: Oratorio pagano y Nada de Dios.

“El Molino Werner se hallaba entre la laguna Don Tomás y las vías del ferrocarril. Había sido construido en 1946. Tiempo después fue abandonado y pasó a ser una ruina emblemática de la ciudad de Santa Rosa.” Así resume el director pampeano Silvio Lang la historia del espacio que utiliza para el montaje de La señora Macbeth, de Griselda Gambaro. Ubicado en una zona que fue residencia de los trabajadores y patrones, el establecimiento sobrevivió malamente a décadas de abandono, usurpaciones y robo de maquinarias hasta que la Caja de Previsión Profesional se hizo cargo del edificio. Ese era el momento de proponer “una pequeña intervención teatral y fue así que Lang llevó La señora... al molino”. Claro que las historias no terminan ahí. El director cuenta que en el sector ahora habilitado para la escena “cayó tiempo atrás un rayo que derrumbó el techo e hizo un agujero en el piso, justo al lado de una caldera de 15 metros”. Un desastre que devino en inspiración, pues el director y su equipo transformaron ese hueco en fondo de escena al incorporar esculturas y objetos diseñados por Rubén Schaap. Cabe aclarar que la carencia de techo convirtió a la obra en espectáculo al aire libre. Tanta anécdota merecía una función de honor. Esta será el próximo sábado y estará dedicada a los invitados: la dramaturga y novelista Griselda Gambaro y su esposo, el escultor Juan Carlos Distéfano.

Estudioso de las artes escénicas, el cine y el video, docente e investigador con obra propia (Tango nómade), Lang prepara además dos espectáculos para estrenar en Buenos Aires: uno sobre Olga Orozco, poeta pampeana nacida en Toay en 1920 y fallecida en 1999, y otro inspirado en la obra de la poeta montevideana Idea Vilariño (1920). Entre las puestas de este director premiado e invitado a festivales internacionales figuran Berenice, de Jean Baptiste Racine, La música, de Marguerite Duras; Lo que no se dice, de Tennessee Williams; Lady Aoi, de Yukio Mishima; Kadish, de Graciela Safranchik; El deseo de la Petra Polanco, de Juan José Sena; La intemperie, de Alejandro Urdapilleta, y Cámara Gesell, de Daniel Veronese.

–¿Es una característica suya gestionar la ocupación de espacios no convencionales?

–En La Pampa estrené varias obras con esa modalidad: Lady Aoi, en el Museo de Bellas Artes; Cámara Gesell, en una discoteca, algo inaudito para mi provincia; un espectáculo sobre textos del escritor pampeano Juan José Sena, nuestro Juan Rulfo, en bibliotecas; y ahora La señora Macbeth, en el ex Molino Werner.

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