Sangre

Exceso de ideas para un resultado confuso

El foco está puesto en Yago, antagonista de Otelo

El propósito merece un respeto inicial, por su audacia; el resultado, tal como se lo ve en La Carbonera, es discutible. Lo último que sabemos de Yago en el Otelo original, es que, tras revelarse públicamente sus infamias, mata a Emilia, su mujer y fiel servidora de Desdémona, huye, es capturado y puesto a disposición del nuevo gobernador de Chipre, quien lo hará torturar en el tiempo y en el sitio convenientes. Imaginar ese castigo y los sueños que perseguirán al "perro espartano" en su infierno particular implica un desafío mayúsculo, a partir de dos premisas fundamentales: aproximarse, aunque sea a prudente distancia, a la estatura de Shakespeare, y contar con un elenco adecuado.

En cuanto a lo primero, Sangre opta por el que tal vez sea el único expediente posible: la parodia. Brabancio, el suegro de Otelo, resulta ser un capomafia; Desdémona es una "niña bien"; una Muerte intrusa declama en italiano; hay un par de enfermeras lesbianas; escenas de prostíbulo y de quirófano, sexo, torturas; por momentos, el tono roza la farsa, mientras se derraman litros de sangre de utilería. Una parodia debería, sin embargo, hacer reír, y aquí planea sin cesar la sombra trágica del original, una dicotomía no resuelta. Otro problema de puesta es el exceso de ideas: si es bueno tenerlas en abundancia, no lo es menos el saber descartarlas. Aquí hay un afán evidente de desplegar todo el arsenal imaginativo de los autores, y el resultado es confuso, por lo que se alternan enfoques originales (el más logrado tal vez sea el cortejo fúnebre de Don Brabancio) con otros prescindibles.

El elenco se empeña con entusiasmo en convencer al público, pero, en general, carece todavía de la experiencia -vocal, sobre todo- necesaria, salvo Osvaldo Peluffo en el arduo papel de Yago, Verónika Peluffo como Emilia, y el Brabancio de Eduardo Nicolau. A la parejita Otelo-Desdémona le falta todavía un golpe de horno. El aspecto visual aspira a mucho y no pasa de ahí; la banda de sonido es interesante.

Fuente: La Nación

Viernes, a las 21, en La Carbonera, Balcarce 998.

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