Mi vida después

Relatos deliciosamente crípticos
Los hijos de la dictadura, bajo la mirada no convencional de Lola Arias
Puede resultar contradictorio -o paradojal para ser más precisos- afirmar que Mi vida después es un espectáculo tan sencillo como complejo, tan correcto como incorrecto en su posicionamiento estético, filosófico y político. Una mirada nostálgica de la modernidad lamentará la falta de un gran relato (tanto ideológico como dramático), pero una más pragmática podrá gozar con un cripticismo que parece permitir cualquier tipo de encuentros y de alianzas.
Aclaremos. Mi vida después es una obra muy altamente influenciada por ciertas estéticas europeas contemporáneas. Y para ser más exactos, puede decirse que hay una fuerte presencia de Rimini Protokoll, colectivo estético al que pertenece Lola Arias junto a Stefan Kaegi, quien a su vez es uno de los más notables representantes de una estética que puso en crisis el concepto de ficción en el teatro. Y este era precisamente el perfil del ciclo Biodrama -creado por Vivi Tellas, para la sala Sarmiento- del que Kaegi participó con un espectáculo llamado ¡Sentate! Un Zoostituto . Y aunque el Complejo Teatral no inscribe a esta propuesta dentro del ciclo ya cancelado, claramente pertenece a él y lo clausura de un modo fecundo.
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