Marcelo Delgado y Emilio García Wehbi: El Matadero

Una exploración sobre la violencia
Marcelo Delgado y Emilio García Wehbi se inspiraron para su última creación en uno de los textos fundantes de la literatura argentina que inspiró a escritores como Osvaldo Lamborghini, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.
El Centro Cultural Ricardo Rojas celebra sus prolíficos veinticinco años de vida con una serie de propuestas especiales. A mediados de abril llega la primera, El Matadero. Un Comentario, obra dramático-musical de Marcelo Delgado y Emilio García Wehbi, creada a partir de uno de los textos fundantes de la literatura argentina que inspiró a escritores como Osvaldo Lamborghini, Borges, Bioy Casares y Cortázar y a artistas visuales como Enrique Breccia y Carlos Alonso. Relato breve, irónico y emblema del romanticismo rioplatense, El Matadero, de Esteban Echeverría, regresa en formato de ópera de cámara para dos protagonistas, una bailarina y un coro de seis voces, manteniendo su núcleo de sangre y muerte, metáfora de la opresión rosista y del enfrentamiento entre unitarios y federales, pero con un tratamiento contemporáneo que abre sentidos sobre la violencia más allá de su signo. Este es el tercer trabajo conjunto de Delgado (destacado compositor) y Wehbi (miembro fundador de El Periférico de Objetos y director con una extensa trayectoria), tras las puestas de Sin voces y Anna O., en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. El debut será el 17 de abril a las 21 en la Sala Batato Barea del centro (Corrientes 2038).
“Al recibir la propuesta del Rojas con la única sugerencia de mantener algún nexo con la literatura argentina, enseguida pensé en El Matadero, una historia corta y con muchas puntas interesantes para desarrollar. Empecé a trabajar la partitura a partir de la idea básica de no usar instrumentos, sino sólo voces, y que éstas sean masculinas. Y trasladar así la antinomia del texto original civilización o barbarie –que tal como la planteamos en la puesta no es tal– a dos tipos de voces muy diferenciadas. Por un lado, una voz cultivada de contratenor (masculina, pero cuya tesitura corresponde a la voz de soprano o de contralto, que son registros femeninos), y, por otro lado, una voz de arrabal, bien de barrio; además de un sexteto vocal masculino que funciona como un coro, emparentado con el de la tragedia griega, pero sin dar preceptos morales, y que juega en forma ambivalente tanto con la figura del unitario como con la del mazorquero”, explica Delgado.
–¿Cómo encararon la dramaturgia?
Emilio García Wehbi: –Pensar El Matadero como una puja de machos, de voces masculinas en pugna, me pareció una idea conceptualmente perfecta. Desde esa masculinidad y desde la idea de que es la Argentina lo que está en disputa, y que lo que se faena es el cuerpo de una vaca, surgió la idea de poner en escena un cuerpo femenino que podría portar un significante más amplio. Y a partir de ahí empecé a trabajar con la idea de superposiciones de voces: un mundo europeo y un mundo bárbaro. Las voces de una nación hechas de capas provenientes de diferentes registros, fuentes y referencias. Así empecé a construir un texto casi hecho de citas de la literatura, de la cultura popular, de la historia, de documentos sobre cría y faena de ganado. Entre muchas otras, hay referencias a autores como Lautréamont y Kafka que comentan el texto de Echeverría y que dan cuenta de ciertos aspectos de la historicidad argentina. El resultado es una superposición de voces y de estilos, un cocoliche literario. Fue desafiante porque me interesó trabajar con el material original, reflexionar sobre él y a la vez producir una lectura nueva. Y en el intento de entender de qué habla hoy El Matadero, apareció la necesidad de una reescritura, pero sin que nuestra mirada empañe la del autor, más allá de algunas salvedades. Echeverría, por ejemplo, sólo ironiza sobre la figura de Matasiete, el federal; nosotros también lo hacemos con el unitario.
Marcelo Delgado: –Es más, en el texto original el unitario aparece casi al final y acá está todo el tiempo en escena, interviniendo sobre su propia historia y sobre lo que dice el mazorquero. Mas que civilización o barbarie sería civilización y barbarie, la convivencia de ambas.
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