Los desórdenes de la carne

Atractiva mirada sobre los deseos
El mundo familiar se ve convulsionado después de la muerte de una madre que, en apariencia, era quien llevaba las riendas de la casa. El grupo que queda, conformado por seres de las más diversas cualidades, deambula por el lugar manteniendo las mismas conductas que los han venido marcando; pero dos figuras extrañas intentan apoderarse del lugar con la consigna de proteger y guiar, sobre todo, a los menores. Es que el dinero familiar parece ponerse en juego y habrá que aprovecharse de él. Pero también estar allí, pertenecer, implica un estatus social importante.
La tragedia se desata cuando uno de los recién llegados se enamora de la menor de la familia. Mientras el deseo de ese hombre crece, el espectador tendrá oportunidad de reconocer a fondo quién es quién en ese mundo. La realidad se torna compleja. Bajo un aparente velo de normalidad en la que los valores se resguardan, asoman la vulgaridad, el desprecio, la falta de respeto. Las instituciones a las que se considera sagradas son, a la vez, puestas en ridículo.
Pero mientras ese interior se cae a pedazos, afuera la situación también se desestabiliza. La política del peronismo es muy dura con los personajes de esta clase. Ellos siguen en su mundo, tratando de apoderarse de aquello que desean, sin importarles lo demás.
Más en La Nación
En el Teatro del Abasto (Humahuaca 3549). Domingos, a las 20.30.
Comentarios