La divina comedia

Un vagón de tren para el Dante

Esta versión teatral de La divina comedia, de Cristina Armada, pierde potencia por sus actuaciones

Adaptar clásicos del género narrativo o poético al teatro es siempre una tarea ardua. De partida, la extensión obliga a cortes ineludibles. Después, cada categoría artística tiene leyes o formas propias que suelen hacer complicadas las trasposiciones. Multitud de ejemplos muestran cómo los intentos por llevarlas a buen puerto fracasan con mucha frecuencia. También se pueden citar casos exitosos y, sin ir más lejos, sobre La divina comedia debemos señalar el espectáculo que el extraordinario actor italiano, Mateo Belli, ofreció el año pasado en el Teatro Nacional Cervantes. También actuó hace algunas semanas en una función única en el Consulado Italiano, haciendo monólogos juglarescos medievales y modernos. Inolvidable.

Pero, para que esto suceda se requiere antes que nada creatividad, imaginación. Ver de qué manera una obra que no ha sido escrita para teatro puede, sin desnaturalizarse, ser moldeada y transformada en un hecho teatral atractivo. La otra vía, como es el caso de Belli, o como lo eran los recitales de Vittorio Gassman -integrados no por obras completas sino pasajes de ellas-, es recurrir a un gran intérprete que pueda sostener con su histrionismo o las modulaciones riquísimas cambiantes de su voz las bellezas del texto.

Ninguna de estas condiciones se da en este montaje de Cristina Armada. La adaptación es sólo una versión reducida del poema, al que se le amputan casi todos los nombres de los personajes allí mencionados y del cual se conservan los fragmentos que describen el tránsito por los tres ámbitos señalados por Dante como residencia posible del hombre después de la muerte: el infierno, el purgatorio o el cielo. La labor de los actores tampoco es convincente. El Virgilio, por caso, cree erróneamente que a la grandeza del texto se llega mediante el grito o la declamación exagerada. Y carga sobre sus espaldas gran parte de la narración.

Más en La Nación

En La Estación de los Deseos, Bacacay 1608. Domingos, a las 22.

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