Juan Carlos Gené y Carlos Ianni: Minetti

“El teatro conmueve al público, no lo deja en paz”
El actor y el director proponen en el Celcit la revulsiva Minetti, una pieza de Thomas Bernhard que pone en escena a un actor que pasa 30 años de su vida representando al Rey Lear frente al espejo. “Esta obra es oscura y contradictoria, como todas las de Bernhard”, asume Gené.
El actor, director y autor Juan Carlos Gené y el director Carlos Ianni se conocen desde hace más de 20 años, conducen desde siempre el Celcit (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, ver recuadro) pero nunca habían trabajado juntos en escena. La puesta de Minetti, obra del austríaco Thomas Bernhard (1931-1989) que subió a escena en la nueva sede del Celcit (Moreno 431) los reunió por primera vez, a Gené en el papel protagónico (junto a la uruguaya Maia Francia) y a Ianni en el rol de la conducción. “Ya llevo 60 años con el teatro, un oficio muy difícil de realizar como lo son todos los oficios cuando están bien hechos”, afirma Gené, ya con 80 años cumplidos. Tentado desde hace años con esta obra dedicada por el autor de La fuerza de la costumbre y Helderplatz al actor alemán Bernhard Minetti (1905-1998) Gené pensó siempre que, en caso de realizar la puesta, haría una versión para dos personajes, tal como ahora la estrenó: “La obra original tiene una presencia coral multitudinaria y demanda una gran producción”, advierte el actor en una entrevista con Página/12, junto al director.
Esta es la tercera vez que la obra se verá en Buenos Aires, anteriormente protagonizada por Aldo Braga y por el uruguayo Juan Carlos Moretti. “La obra expone una dialéctica entre el viejo actor Minetti y el mundo de los hombres, representado por dos personajes femeninos y una multitud de máscaras que son parte de una tradición de la ciudad belga de Ostende”, mascaradas éstas que remiten a los cuadros expresionistas de James Ensor. Esta referencia pictórica alude a un teatro concebido como un arte monstruoso, además de crear una atmósfera aterradora que condice con la soledad y el abandono que sufre el personaje. Un actor que pasa 30 años de su vida representando todos los días frente al espejo al Rey Lear, de Shakespeare, tras una de esas máscaras.
Gené afirma que la obra de Bernhard expone el mundo interior de Minetti y lo rodea de significados ocultos. Y arriesga que interpretar a ese personaje “es como meterse en el espíritu de un ser insólito, con esa especie de toque divino que suelen tener muchos desequilibrados”. No obstante, Ianni prefiere hablar de la pieza de un modo diverso: “Si uno piensa la obra antes de verla parece que es oscura y compleja –analiza–, pero lo curioso es que lo que se ve en el escenario es la historia conmovedora de un viejo actor comprometido con su arte”. Ianni completa el relato: “Este hombre llega a la cita con el director de un teatro porque espera ser reubicado luego de muchos años de injusto alejamiento. Pero al no aparecer éste, imposibilitado de retornar a su casa, decide quitarse la vida a la intemperie bajo una tempestad de nieve”. De modo que las intrincadas reflexiones que hace el personaje estarían, para el director, ubicadas en un segundo plano. Como si su puesta hiciera foco en un cuento que narra como datos objetivos de la realidad cuestiones que parecen imposibles, como que haya nieve en la playa de Ostende. Ianni aclara que, en virtud de que el texto hace algunas referencias que no son conocidas para el público local hay zonas de la obra que son didácticas, a través de unos procedimientos que prefiere no revelar. La versión incluye escenas en las cuales los actores pasan a ser ellos mismos, un desdoblamiento que en los ensayos los ayudó, como intérpretes, “para comprender mejor algunas cosas”, según cuenta Gené, y que luego quedaron en la puesta, “con la función de aclararle algunas cosas al espectador”.
–¿En qué medida cree que Bernhard habla del Minetti real?
Juan Carlos Gené: –Bernhard dedicó esta obra en 1976 a Minetti, que por supuesto vivía (murió recién en 1998), pero tampoco puede decirse que el personaje sea él realmente. Bernhard tuvo la costumbre de escribir obras con personajes que llevan nombres de personas conocidas –tal vez porque lo movilizaban a la escritura– pero que en su obra no tienen nada que ver con las personas reales, como ocurre en El viaje de Emmanuel Kant o El sobrino de Wittgenstein. El Minetti real vivió un alejamiento del teatro que no pasó de cuatro años. El personaje de la obra, en cambio, no puede actuar durante 30 años. Y en su exposición barroca –porque habla por los cuatro costados– se refiere a ese alejamiento de un modo muy inquietante porque deja un amplio margen para la mentira y el delirio. ¿Quién sabe si es cierto lo que este personaje afirma?
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