El reñidero

Electra vivió en Palermo
Es intensa y dinámica la puesta en escena que Eva Halac hizo de El reñidero
Cuando un personaje ha sobrevivido en el tiempo y ha superado estoicamente todas las versiones y adaptaciones, entonces se puede decir que ha alcanzado la categoría de clásico. Y esto es lo que ha pasado también con Electra, una creación de Sófocles, y también de Eurípides, que ha tentado a más de un artista a través de los siglos. Fue inspiración tanto para Eugene O´Neill ( El luto le sienta bien a Electra , 1931); el dramaturgo cubano Virgilio Piñera ( Electra Garrigó , 1948); Marguerite Yourcenar ( Electra o la caída de las máscaras , 1954); Richard Strauss (la ópera Elektra , con libreto de Hugo von Hofmannsthal, 1909); Omar del Carlo ( Electra al amanecer , 1948) y Julio Imbert ( Electra , 1964), entre muchos otros.
De Cecco tomó la tragedia de Electra, de Sófocles, como base de su obra y la ubicó en 1905 en el barrio de Palermo. El reñidero -la pista de arena donde luchan los gallos de riña- fue utilizado por el autor para ubicar a los guapos y al malevaje en un barrio donde la única ley era la que emanaba del coraje y la justicia se obtenía a punta de cuchillo.
De Cecco creó su propio Orestes, convertido en una víctima del enfrentamiento dramático, enfrentamiento gestado por su hermana Elena (Electra sofocliana). La muerte de Pancho Morales, asesinado por el amante de su mujer, sirve para darle respaldo a la protagonista femenina. Ella se erige en continuadora de los valores de su padre, sin importarle que esté tramando un destino infausto y sin piedad para su madre adúltera. Se convierte, como una moderna parca, en la gestora del odio y la sed de venganza que, a su vez, la irá consumiendo. Ellos son los reales participantes del reñidero.
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