Mariano Moro: De hombre a hombre

“La adolescencia es conmovedora”
El autor y director, también licenciado en Psicología, propone en esta pieza teatral premiada en España un sugestivo diálogo entre un profesor y un alumno. Se trata, también, de un irónico contrapunto que mezcla rebeldías, humoradas e inquisiciones.
Un diálogo que deviene en irónico contrapunto, en ejercicio mental y afectivo de dos personajes que se deslumbran, se constituye en eje de una premiada obra del marplatense Mariano Moro. El título es De hombre a hombre y se estrena el próximo viernes en el Teatro Del Nudo, luego de presentarse en Mar del Plata y Madrid. La acción se inicia en un aula, y el diálogo al que se hace alusión se da entre un profesor y un alumno, que en esta puesta del mismo Moro se ubica en la platea, convirtiendo así al público en alumnado y testigo. El hecho de que se incluyan fragmentos de poemas no es casual, tampoco que se mencione a Silvina Ocampo con un libro de “apologético humor” sobre la escuela (Canto escolar). Es parte de la búsqueda del autor por hallar los textos acordes con los personajes, y porque la poesía es acción cuando retrata la metamorfosis de los sentimientos. Moro estima que la poesía es la base, el modelo de todas las artes: “No por nada se intenta que cualquier obra de arte sea poética”, sostiene este autor y director, licenciado en Psicología y apasionado por la literatura. Inclinación que le permite mostrar a sus personajes interiorizados en cuestiones esenciales. “Les atribuyo poemas míos y fragmentos de poesías de Walt Whitman y Federico García Lorca” –apunta–, y en expresiones que asocia “de manera natural” a la situación y a los personajes; “natural, en el sentido de lo que uno imagina que puede estar sucediendo en la cabeza del protagonista y cuál sería su respuesta. El fragmento de García Lorca corresponde a su Oda a Walt Whitman, extraída de Poeta en Nueva York”.
–¿Sería ésta una forma de conservar un hilo conductor en un diálogo que mezcla rebeldías, humoradas e inquisiciones?
–Mantengo una estética; lo que se modifica es la intensidad de los afectos entre el profesor y el alumno. Esta es una historia de amor entre dos hombres desarrollada en un diálogo con códigos. Admito que el lenguaje pueda parecer algo rebuscado, pero es orgánico a la historia que se cuenta. Lo asocio al homenaje que quise tributar al teleteatro de Alberto Migré, que veía siendo un chico. Entonces los actores y actrices se expresaban de una manera más artificial que la que hoy estamos acostumbrados. Ahora se busca el naturalismo raso y se cuida bien de que no haya palabras “raras” en el texto. El imperativo es “usemos diez palabras, porque por ahí la número once nadie la conoce”.
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