Los siete locos


Nota del 21 de febrero

La desesperación de seres oscuros

Los siete locos vuelve a ser captada por el teatro, pero en un montaje con altibajos

Sumergirse en la narrativa de Roberto Arlt siempre tuvo un especial atractivo entre los directores y dramaturgistas argentinos. Las razones son obvias. El escritor imponía teatralidad a sus novelas y la confección de sus personajes es tan minuciosa, tan exacta y preciosista que no resulta difícil verlos corporeizados. No es casual que la primera representación teatral de un texto de Arlt fue en el Teatro del Pueblo y sobre un capítulo de Los siete locos , "El humillado", que dirigió Leónidas Barletta. Esta novela de desesperados, humillados y opresores, de conspiraciones, revoluciones, salvaciones y trampas fue objeto de estudio en numerosas oportunidades durante los últimos treinta años. En 1980, en El Picadero, se hizo una recordada versión; remozada y también inspirada en El lanza llamas, dirigida por Javier Margulis y Rubens Correa, en 1997, en el Cervantes. También hubo fragmentos en esa joyita que fue Por amor al Arlt , en el Alvear, dirigida por Ismael Hase, y Ricardo Bartís hizo una de sus obras maestras basada en estas dos novelas: la inolvidable El pecado que no se puede nombrar .

Esta nueva propuesta de Omar Aita, que cuenta con un elenco de actores de probado talento, intenta resumir ese inmenso universo arltiano tan difícil de condensar. Y ése es el mayor peligro a la hora de llevar a escena una novela tan expresiva, reflexiva y filosófica como Los siete locos . Aquí es poco lo que queda fuera, pero toda esa información, esa cantidad de personajes y situaciones hacen que la adaptación sea una suerte de ayudamemoria de la novela, pero representado. En muchos tramos de la obra, la dramaturgia se ve forzada y hay cierta debilidad estructural. El entramado que constituyen el espacio, el tiempo y la acción está desajustado y, por lo tanto, el ritmo es débil y el resultado es un montaje quebrado.

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