Lola Arias

Asomarse a los restos del naufragio
La directora propuso que los actores aportaran cartas manuscritas y formas de registro casero para entremezclar en su trabajo ficción y biografías personales. “Hice una manipulación de la escritura que ellos me entregaron”, explica.
Ropa que cae sobre el escenario “como si fuera lluvia”, fotos, mapas, todo sirve para asomarse al pasado o a lo que quedó de un naufragio. A la autora y directora Lola Arias le interesaba que los actores seleccionados para Mi vida después –obra que estrena el jueves 26 en el Teatro Sarmiento– aportaran su historia familiar, incluyendo fotos, mapas y otros testimonios extraídos de una realidad pasada. En diálogo con Página/12, Arias compara ese ejercicio de la memoria y la sensibilidad con las imágenes que ofrecen los niños y niñas de toda condición social cuando se tientan y visten las ropas o calzan los zapatos del padre o de la madre y “caminan por la casa disfrazados de su propio futuro, de su propia adultez”. Actriz y autora, entre otras obras, de La escuálida familia, Estudios de la memoria amorosa y Poses para dormir, se dedica también a la poesía, la música y el canto, siendo una de las artistas jóvenes más invitadas a los festivales internacionales.
–Las historias que aportan los actores trascienden el plano familiar y pueden rastrearse en Internet. ¿Cuánto de lo que testimonian resulta distorsionado por la información que hoy se obtiene a través de Internet y otros medios?
–Carla Crespo, hija de un militante que muere antes de que ella nazca, dice en la obra que siendo niña la mamá le contó que el padre había muerto en un choque de autos. Después supo que no fue así, que murió en el intento del ERP de copar un batallón en Monte Chingolo, en diciembre de 1975, donde hubo masacre y fusilamientos. Esto muestra que mi generación dispone de medios para obtener información, pero que al mismo tiempo tiene grandes dificultades para reconstruir intelectual y emocionalmente los hechos de una época sobre la que existen muchas versiones.
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