Enrique Pinti, Antonio Gasalla y Fernando Peña: Hairspray, Más respeto que soy tu madre, y Diálogo de una prostituta con su cliente

Nota del 5 de marzo
Tengo una chica en mi cuerpo
Enrique Pinti, Antonio Gasalla y Fernando Peña retoman esa costumbre ancestral del teatro en la que los roles femeninos eran para los hombres
El primer suspiro que la dulce Julieta deslizó por Romeo sobre el balcón provino de un joven de rostro empolvado y senos postizos que conmovió al público del teatro inglés de la época isabelina como la adolescente que muere por amor. En aquel entonces, las mujeres tenían prohibido por ley subirse a las tablas y la pasión de las heroínas shakespearianas latía en el cuerpo de actores de voz aflautada, provistos de pelucas y otros delicados menesteres.
Hubo épocas en las que los hombres tuvieron excusas para subirse a los tacos y envolverse en los estrechos trajes de los personajes femeninos. Como en 1629, cuando la misma barrera se interpuso entre las actrices y las tablas del Kabuki -forma teatral tradicional del Japón- que fueron expulsadas por relacionar su arte con el escándalo y la prostitución y reemplazadas por los Onnagata , actores que gracias al uso de maquillaje y un elaborado y fascinante vestuario adoptaban (aún hoy lo hacen) aires y formas femeninas.
Un tiempo después, a pesar de la generosa oferta y de la ausencia de limitaciones locales para que las mujeres suban a escena, tres actores, Antonio Gasalla, Enrique Pinti y Fernando Peña, deciden adentrarse en la psiquis femenina en Más respeto que soy tu madre , Hairspray y Diálogo de una prostituta con su cliente , respectivamente.
Con una peluca de rulos estáticos, un deslucido vestido floreado que le llega a las rodillas y unas chinelas gastadas, Antonio Gasalla se transforma en Mirta Berttoti -o el prototipo de ama de casa cincuentona y de clase media- cada vez que se sube al escenario del Metropolitan. No es la primera vez que el cómico se pone en la piel de una mujer. Ha transitado por la de la abuela inmortal, la verborrágica empleada pública, la enfermera indolente, la nena malcriada, la señora estirada (por el bisturí), la apocalíptica y depresiva Soledad Solari, y muchas más. "Jamás pensé que me iba a vestir de mujer en un escenario. Vengo del Conservatorio y, a lo sumo, en las horas libres nos disfrazábamos de mujer en broma -dijo el humorista, que dirige y actúa en Más respeto que soy tu madre , en una entrevista con LA NACION, a mediados de enero-. Lo que pasa es que alguna vez hice una mujer que tuvo éxito y después empezaron a preguntar por la próxima... Más allá de eso, creo a los personajes para contar cosas y hay conflictos de los últimos años que se pueden contar mejor a partir de una mujer. Cuando con Enrique (Pinti) escribimos Matilde queríamos hablar, en plena época de los militares, de cómo se estaba viniendo abajo la clase media. Y eso es más fácil hacerlo con una mujer en medio de su casa y llena de problemas que con un tipo que se quedó sin trabajo". Sobre su personaje, que provoca un mar de carcajadas en la platea, apuntó: "Es un ama de casa, como Matilde, otro personaje mío. Lo que no tiene es el disparate o el nivel de cosa exagerada y gruesa que a veces manejo".
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