El fantasma de la Opera

“Cada día de ensayo fue sagrado”
Los supervisores extranjeros y los responsables locales de la puesta dicen que la enormidad de la producción lleva a que todos “se pongan la camiseta”, y explican que “no se puede dudar con un monstruo como éste: donde dudás, se cae”.
Entrar en el teatro Opera en estos días es una aventura. Se escucha hablar inglés por los pasillos, pues varios extranjeros han llegado para montar uno de los musicales más famosos de todos los tiempos, El fantasma de la Opera, tal como Andrew Lloyd Webber y Harold Prince lo idearon hace más de veinte años. Porque lo que podrá verse a partir de este jueves será una fiel reproducción, con igual puesta, vestuario y escenografía, del show que tuvo lugar el 9 de octubre de 1986 en Londres, día del nacimiento de este mito teatral. La cita será de miércoles a viernes a las 20.30, los sábados a las 18 y a las 22 y los domingos a las 19, en Corrientes 860.
Ingresar en la sala es viajar en el tiempo. Un imponente arco de proscenio dorado, réplica del de la Opera de París, decora el frente del escenario. Pero esto es sólo un detalle en un show que promete ser puro despliegue visual y técnico. Sobre las butacas cuelga una araña de tres metros de ancho, seis mil caireles y una tonelada de peso –otro símil de la que se encuentra en el Palacio Garnier–, que caerá inesperadamente en la mitad de la función a causa de la ira del fantasma. Además, el escenario se convertirá en un efervescente lago por donde se deslizará la góndola del protagonista: para lograr semejante efecto visual, el equipo técnico utilizará diez máquinas de humo y 250 kilogramos de hielo seco. Con sólo seguir revisando algunas cifras, El fantasma... amenaza pasarle el trapo a la mayoría de los musicales. Son 130 las personas –actores, músicos y técnicos– que participan en cada representación. El despliegue de vestuario, con una confección digna de los mejores teatros de ópera del mundo, incluye recargados y adorables motivos venecianos y carnavalescos entre los 230 trajes que desfilan en cada función. También la escenografía es opulenta: sólo las velas utilizadas por noche son más de 280.
Los números continúan: ochenta millones de personas en el mundo vieron la obra, en 127 ciudades de veintisiete países. En 2006, El fantasma... se convirtió en el espectáculo con más tiempo en cartel en Broadway (se estrenó en Nueva York en 1988). Un equipo de expertos se ocupa de que la versión porteña siga las estrictas normas de calidad exigidas por la firma que lleva. El director asociado Arthur Masella, la supervisora musical Kirsten Blodgette y la coreógrafa asociada Denny Barry son los miembros de ese equipo en el que Andrew Lloyd Webber depositó la responsabilidad de reponer su obra tal como la concibió. Hace más de veinte años que estos tres profesionales se encargan de viajar por el mundo y contagiar a los artistas y técnicos locales del espíritu de El fantasma..., además de enseñarles tácticas y estrategias para abordar una megaproducción musical como ésta.
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