Alejandra Darín y Juan Vitali: El evangelio de Evita

Nota del 31 de enero
El mito se confiesa en escena
Alejandra Darín se pone en la piel de Eva Perón para revelar presuntas “memorias” que ilustran sobre la vorágine que envolvió su vida. La obra teatral, que invita a la polémica, se puede leer también como un gran espejo de la Argentina y sus contradicciones.
El domingo 2 de septiembre de 1951, días después de renunciar a su candidatura a la vicepresidencia, Eva Perón viajó a la Costa Atlántica para reponerse del disgusto. La enfermedad todavía no la había postrado; y en caso de sentirse bajoneada, contaba con la compañía de su confesor y amigo, el sacerdote jesuita Hernán Benítez. Se rumorea que ahí Evita comenzó a escribir unas memorias que revelaban entretelones de la vorágine que la había llevado de Los Toldos a las esferas más altas del poder. Nadie sabe dónde terminaron esos escritos. Ni siquiera se ha confirmado que existieran, pero Carlos Balmaceda jugó a imaginar su contenido en El Evangelio de Evita, que se presenta todos los lunes y martes a las 22.30 en el Radio City (San Luis 1750, Mar del Plata). Protagonizada por Juan Vitali y Alejandra Darín, la obra se plantea como una opción no concesiva que invita a seguir pensando un buen rato luego de que ha caído el telón, lo que no es poco en la frivolizada cartelera de las vacaciones.
Es que el peronismo sigue siendo una máquina de generar odios y amores. Por eso a la hora de interpretar a Eva la disyuntiva es refugiarse en los iconos massmediáticos o jugársela a caminar sobre campo minado, con los riesgos que eso implica. Para ponerlo en términos prácticos: ¿cómo no parecerse a Esther Goris? Darín explica que el componente que le permitió descubrir nuevos rostros para su personaje fue la inocencia. “Me saqué de encima los prejuicios y traté de ver qué me pasaba a mí con este ser tan fuerte, que además siendo joven, pobre y actriz se las ingenió para elevarse. Fue como enamorarse de alguien. Empezás a averiguar más de esa persona, tratás de detectar coincidencias y te surgen dudas que confirmás o no.” Enfrente lo tiene a Juan Vitali, que se integra resaltando la intensidad de compartir tablas con su compañera. “No solamente porque es la primera vez que laburamos juntos sino porque retomar este conflicto de alguien que acababa de renunciar al cargo de vicepresidenta –y hacerlo después de un año en el que ese rol ha adquirido un cariz tan especial– sin duda le suma intensidad al proyecto. Sobre todo teniendo en cuenta que, por otra parte, a sólo medio siglo de aquel episodio que despertó tantos entredichos, tenemos una presidente mujer.”
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