Nina

Nota del 19 de enero

Nina, un personaje y una obra con altibajos

Todos los que han tenido la fortuna de una vida relativamente normal -no así quienes sufrieron el estigma de la guerra o del hambre- guardan en su memoria imágenes de una niñez o juventud que añoran como paisajes de un paraíso perdido. El paso de los años, aun en los que pueden llegar a ser felices en la madurez, acentúa esta sensación porque, realmente, la vida estaba ahí en todo su esplendor y como potencia de lo que podía llegar a ser. En rigor, lo que se escurre con el transcurso del tiempo es aquel maravilloso vértigo de imaginar el futuro.

Existe otra idealización del pasado, en cambio, que se nutre en la desdicha del hoy. El vacío de la actualidad, por la frustración de los proyectos que se han emprendido o por el desamor, lleva a embellecer lo pretérito en demasía. Y, sobre todo, el lugar donde esa etapa de la existencia se desarrolló. Este es el problema de Nina, una actriz de 31 años que regresa al pueblo costero donde vivió quince años atrás en busca de un suceso que cambie milagrosamente el angustioso curso de su presente. Como al personaje de La gaviota , cuyo nombre evoca, no le ha ido muy bien en su carrera.

En un hotel de ese sitio, próximo al mar, se encuentra con Blas, otro fracasado como ella que fue amigo de su juventud. Hay mutuas y tormentosas confesiones e incluso una relación sexual, pero concluida la noche no arriba la luz. Los dos comprueban que son impotentes para cambiar nada. El autor acumula durante ese tiempo de contacto distintos indicios de que podría ocurrir algo, pero al final opta por dejar todo igual. Esa es su mayor sagacidad. Aparecen algunas frases bellas y variadas referencias a artistas, películas o datos de época para incentivar la imaginación del espectador. No mucho más.

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Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131. De jueves a sábado, a las 21.

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