Moria Casán: What pass Carlos Paz
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Nota del 4 de enero
Moria Casán: "Yo al conchero ya lo superé"
Incombustible, enfundada en un vestido tan adherente como colorido, Moria Casán, recibió a Clarín en la casa que su manager, Luciano Garbellano, le alquiló en un country a mitad de camino entre la capital cordobesa y Villa Carlos Paz, donde su obra, What pass Carlos Paz, alimenta polémicas y agita los ánimos de los espectadores.
La cita fue en una siesta tórrida, y la mujer que hizo de su voz ronca, de su cuerpo aún imponente y de su desenfado, marcas registradas, se deslizó por recuerdos, sueños, humores y amores. Se sabe: Moria Casán ama hablar de sí misma. De su construcción como personaje. Se reconoce una mujer "fálica", y señala sus puntos de contacto con Madonna y Cher; y hasta se define como "la Aristóteles de las vedettes". Admite que si alguna vez, sus ex parejas la vampirizaron, ella lo hizo aún mejor. De verba caudalosa, la mujer que acuñó frases como "si querés llorar llorá"; "sacá la perra que tenés adentro"; o "se cuelgan de mis tetas"; habló de su nieta, reveló su "cinefilia por el cine de autor", detalló su desempeño en el programa de Marcelo Tinelli; y terminó enojándose con esta cronista por una pregunta sobre su ya reconocida afinidad con los militares de la última dictadura (ver Un enojo con retraso) al punto de negarle la entrada a su espectáculo.
Pero cuando todo era paz, en el principio, fue la sesión de fotos: recostada sobre el césped perfecto del patio de su mansión cordobesa hecha de piedra y madera, memoró imágenes de algunas películas inglesas de los '70. Surgió entonces aquél Alan Bates de Mujeres apasionadas. La Casán describió con pelos y señales la escena en la que un higo le sirve al protagonista para hacer una metáfora de cómo se debe tomar la vida. "Mordiéndola -dice-, degustándola con sensualidad. Eso para mí era cine. No tanta técnica. Me gustan los conflictos existencialistas, como los de Ingmar Bergman donde la actriz fetiche... ¿cómo se llama?
Liv Ullmann.
Sí, ella, decía que se quería suicidar el domingo. Lloré tanto en el cine que no pude manejar mi auto para ir al teatro. Si yo lloro en el cine, ya salgo hecha. Me gustan las películas que me regocijan desde la emoción.
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