Sergio Boris y Adrián Silver: El perpetuo socorro

Nota del 14 de octubre
La guerra de las colegialas
Los teatristas analizan el sentido de El perpetuo socorro, la pieza montada en la sala Puerta Roja. “Tomamos el belicismo desde lo épico”, señalan sobre la obra que, utilizando un humor trágico, aborda la historia de las “sobrevivientes” de un colegio de monjas.
La disyuntiva era denominar a la obra El perpetuo socorro o El pandemónium de la colegiala moderna. Ganó el primer título, que es además el nombre del colegio en el que un grupo de jóvenes se apresta a reanudar una guerra de años. El bando enemigo pertenece a otra institución, también regenteada por monjas tan belicosas como las estudiantes. De la necesidad de entrar en guerra surge “esa épica idiota que arrastra a unas mujeres a llevar adelante esa pasión sin saber exactamente por qué”, apunta Sergio Boris, a cargo de la dramaturgia y dirección de El perpetuo... que va los domingos a las 19, en Puerta Roja (Lavalle 3636). Boris (El sabor de la derrota y La bohemia), también actor (El pan de la locura, El pecado que no se puede nombrar y La pesca) señala algunas de las líneas que atraviesan este trabajo elaborado en forma conjunta por egresados del Instituto Universitario de las Artes (IUNA) y Adrián Silver, quien participa como autor y director asistente. La obra no nació de un relato literario previo, sino de una conjunción de procedimientos teatrales (texto, diseño de iluminación y del espacio, música y ritmo), todos al servicio de la actuación. La historia que cuenta es la de las “sobrevivientes” de una escuela que ha tomado el nombre de una popular advocación de pobres y afligidos. Estas jóvenes alimentan deseos de venganza contra sus equivalentes del colegio de Las Adoratrices. A modo de contrapunto se desarrolla un romance entre una de las muchachas y un ex profesor de Teología, ajeno a la revancha. En diálogo con PáginaI12, Boris y Silver se explayan sobre aspectos de esta puesta, donde –dicen– “se revive un mito que relaciona el belicismo con la actitud de las monjas de los colegios católicos de los barrios del sur de la ciudad que incentivaban los campeonatos olímpicos”. Este supuesto decidió “la creación escénica de un universo paralelo, algo así como una zona liberada en el barrio de Barracas, donde se dirimen asuntos conectados con la situación legal de esos colegios y con una concepción maniquea entre la teoría de la liberación y el catolicismo ortodoxo”.
–¿Intentaron establecer algún paralelo con la actual violencia escolar?
Sergio Boris: –No. Tampoco quisimos darle carácter simbólico, aunque hemos visto que en los diarios comenzaron a aparecer más notas sobre la interna eclesiástica, por ejemplo, o las peleas entre chicas como peleas de cuerpos muy patéticos. Esta es una guerra que las jóvenes de El perpetuo... no quieren abandonar, y que Hugo, el personaje enamorado, no entiende.
Adrián Silver: –La línea de contacto con lo que sucede hoy es casual: no tenemos la pretensión de reflejar la realidad.
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