Juan Parodi: Cariño Yacaré

Nota del 15 de octubre
Brillos y miserias del show
El director Juan Parodi propone en su nuevo espectáculo un comentario sobre “dos mundos opuestos que conviven: la frivolidad de la industria cinematográfica –según describe– y el desamparo en que se encuentran una madre y su hija”.
Junto a Berta Goldenberg en Fotos de infancias, de Jorge Goldenberg, Juan Parodi ya había experimentado la dirección de un grupo de actores que interpretaba un texto generado a partir de sus propias vivencias. Ahora, junto a las actrices Gimena Riestra (Yo, la peor) y Noralíh Gago (Solita para todo), el director vuelve a realizar en Cariño Yacaré un nuevo trabajo de intercambio artístico, al que suman sus aportes el iluminador Ricardo Sica y la escenógrafa Gabriela A. Fernández. Si bien Parodi se reconoce volcado hacia el humor y el desborde emocional, no acierta a definir una estética propia: “Estoy en una búsqueda constante y esto me ha llevado a abrevar en Roland Barthes como en la biografía no autorizada de Liza Minelli, a inspirarme en Mina como en Ramona Galarza”, afirma en una entrevista con PáginaI12. “Mi creación artística es inestable, como las emociones”, concluye.
A las dos actrices, habituales intérpretes de unipersonales gestados por ellas mismas, el director las conoció durante la larga temporada que cumplió El 3340, un espectáculo de cabaret que condujo en el bar del teatro Anfitrión. Sin pertenecer al mismo género, el nuevo montaje tiene a la música como protagonista, cantada en vivo en algunos casos pero siempre inspirada en temas de décadas pasadas. La obra, que debe su nombre a las palabras dichas por Joan Crawford en la película El suplicio de una madre, cuando su personaje admite que “los yacarés hacen muy bien en comerse a sus crías”, presenta la relación entre una ex actriz de Hollywood y su pequeña hija, alrededor de los años ’50, pero en un tiempo ficcional: ambas sobreviven en un paisaje pantanoso al que llegaron huyendo del bombardeo del que fueron objeto los grandes estudios de Los Angeles. Entre totoras y mosquitos, las dos mujeres sueñan con un golpe de suerte que les cambie la vida. La obra -–que puede verse los viernes en el teatro Payró– sintetiza, según Parodi, “dos mundos opuestos que conviven: el encanto y la frivolidad de la industria cinematográfica, y la situación precaria y desamparada en que se encuentran una madre y su joven hija”.
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