El enterrador
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Nota del 09 de noviembre
El pasaje de la intriga al amor
La obra de Gerardo Sofovich tiene una trama de suspenso a la que le cuesta mucho avanzar. En un elenco desparejo, se destaca Roly Serrano.
Suceden algunas situaciones interesantes. Hay frases ocurrentes dichas por los personajes. Se genera suspenso. Pero no alcanza. La intriga pierde interés en una trama a la que le cuesta mucho avanzar. Los personajes esconden demasiado, más bien, casi todo. Y recién sobre los minutos finales se revelan las verdades. Entonces, no hay margen para que el espectador sospeche, intuya, juegue con su imaginación. Sólo le queda esperar que algo pase, mientras el personaje en torno al cual gira la historia, Gregorio, se enrosca en una locura inverosímil.
El jueves, en el Multiteatro, se estrenó El enterrador, una obra escrita y dirigida por Gerardo Sofovich. Silvia Montanari, Roly Serrano, Maxi Ghione y Gabriela Sari integran un elenco con un nivel desparejo de actuaciones.
"Cuatro personajes envueltos en una trama de equívocos, adulterio y crimen", reza -con cierta inexactitud con respecto al argumento-, el programa de mano de esta comedia que sus hacedores definen como un thriller psicológico. El montaje pertenece a René Bertrand.
Toda la historia transcurre en el living del lujoso departamento de Gregorio, el dueño de una empresa fúnebre a quien Roly Serrano compone con soltura y gracia. El y su esposa, Matilde (interpretada por Silvia Montanari), reciben a su joven vecino, Gustavo (Maxi Ghione) y lo invitan a compartir una velada. Más tarde se sumará al encuentro la novia del muchacho, Cristina (Gabriela Sari).
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