Diego Lerman y Santiago Loza: Nada del amor me produce envidia
Un melodrama hecho de canciones
El director y el autor de la obra que se exhibe en el Sportivo Teatral trascienden el marco del cine, que les es más habitual, para contar una historia inspirada en las cancionistas de los años ’30 y ’40, en el formato de un unipersonal.
Diego Lerman, director de Tan de repente y Mientras tanto, está por debutar en la dirección teatral con Nada del amor me produce envidia, obra concebida por otro cineasta, Santiago Loza (director de la premiada Extraño) en ésta, su segunda incursión como dramaturgo (ver recuadro). El espectáculo, que se exhibe en el Sportivo Teatral (Thames 1246), es definido por sus creadores como un “melodrama musical” en formato de unipersonal, con música de Sandra Baylac y vestuario de Guido Lapadula. María Merlino, la intérprete, tuvo un rol activo en la gestación del proyecto dado que la trama se definió a partir de un trabajo de investigación que ella misma llevó a cabo, sobre el mundo de las cancionistas argentinas en los años ’30 y ’40.
Así surgió una historia que enlaza a Libertad Lamarque y a Eva Duarte, sobre el telón de fondo de la situación generada por el cachetazo que, según cuenta la leyenda, la primera le dio a la segunda durante el rodaje, en 1945, de La cabalgata del circo, de Hugo del Carril. Acerca de la estética de cruce del espectáculo, Lerman define: “El melodrama y el musical son dos géneros distintos; pero nosotros hablamos de melodrama musical porque pensamos en el cine más que en el teatro. Digamos que hay una zona muy sentimental, se habla del amor o de su imposibilidad en tanto que, de manera arbitraria, se pasa al canto, porque las canciones son parte esencial de esta obra”. Mientras realiza sus labores, la costurera vive entonando las canciones del repertorio de Libertad Lamarque, hasta que un día su admirada diva llega a su taller a encargarle un vestido. Los problemas surgen cuando Eva Duarte, imitando a la cantante, llega a su puerta y elige, esta vez sin saberlo, el mismo modelo. “Al fin y al cabo, todos esperamos una vida para decidir cosas como éstas –reflexiona la costurera– y cuando ocurren no estamos preparados... Como si el cuerpo se resistiera y doliera. Y el único deseo que existe es que pase todo...”
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