Selva Alemán: Una cierta piedad


Selva Alemán, en una historia que cruza la realidad con el deseo

Juan Gil Navarro es el coprotagonista de la pieza

Sin dudas esta señora es un encanto: tiene un trato delicado, pero a la vez resuelto y confiado; gusta charlar sin mirar relojes; no se escabulle en ningún tema, salvo en aquel que pueda llegar a develar los preciados secretos que porta la obra que tiene entre manos y que esta noche subirá a escena en el Metropolitan 1. Poco y nada deja entrever, Selva Alemán -la señora en cuestión- sobre la historia de Abby y Ben, dos amantes que el atentado a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 encuentra en el departamento de ella, a pocas cuadras de distancia del que, hasta ese momento, fue su lugar de trabajo.

Por ahí anda el núcleo argumental de Una cierta piedad , la obra de Neil LaBute (el mismo de Gorda ), que Alemán protagoniza junto con Juan Gil Navarro, su amante en la ficción. No saben si los buscan, si los suponen muertos, no hay demasiadas certezas porque el afuera llega con la explosión y con los sonidos que ella deja, pero nada más. Todo son suposiciones que los enfrentan a la posibilidad de repensar sus vidas, desaparecer verdaderamente y volver a empezar, o no. En el vínculo amoroso, no sólo están ellos, sino sus historias, su pasado, su presente: el hecho de que Abby sea varios años mayor que él, que sea su jefa y que gane más dinero no son datos menores para que midan estos personajes que están literalmente divididos por el espanto y por la pasión, y enfrentados a un abismo.

"Esta obra tiene algo que cada vez me gusta más encontrar en un texto, que es un hecho concreto de la realidad, del afuera, que se mete en el adentro y puede modificar las vidas de manera decisiva. Uno no es inmune a los políticos, ni a lo que pasa en otras partes del mundo; la vida está inmersa en todas esas cosas, aunque uno no lea el diario, aunque uno no se dé cuenta se convierten en mensajes que se van recibiendo en forma inconsciente. Esta es la segunda vez que hago una obra así, la primera fue Cristales rotos, de Arthur Miller, que resultó una experiencia extraordinaria", comienza Selva Alemán.

El hecho de que Alemán y Gil Navarro se encuentren sobre un escenario es el resultado de un tremendo deseo compartido, ya que desde que estos dos actores coincidieron en la tira televisiva Hombres de honor , hace tres años, están buscando excusas y atajos que los reúnan en el que consideran su hábitat natural, el teatro. El primer intento los metió en la historia de ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, que él tuvo que abandonar en mitad de los ensayos y que a ella le deparó tantas satisfacciones como premios. El año pasado, el ciclo Teatrísimo volvió a reunirlos para hacer una versión semimontada de El zoo de cristal , que los dejó con gusto a poco. El tema de los derechos de la obra de Tennessee Williams los reunió con la dupla González del Pino y Masllorens, que le ofreció esta obra de LaBute que los atrapó en la primera lectura. Así, desde los actores, la propuesta llegó al productor Javier Faroni y más tarde al director Alejandro Maci lo que hizo que un deseo prolongado en el tiempo se volviera tangible.

"Con el director, hemos hecho un camino contrario en lo que aparentemente se propone en una primera lectura. No nos quedamos con lo formal, con la sentencia, mirando lo que pasó..., directamente estamos viviendo lo que pasa adentro con las apariciones momentáneas del afuera. Así se privilegia el vínculo a partir del cual teníamos que hacer creíble esa relación de amantes tan particulares", sigue Alemán.

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