Suárez Marzal, Víctor Laplace, Karina K y Alejandro Parker: Pepino el 88

“Detrás del circo hay toda una filosofía de vida”
El director y los actores están entusiasmados con el flamante estreno del musical. Le dan nueva vida al célebre payaso creado por Pepe Podestá, que marcó un estilo bien criollo de hacer humor, combinando la canción satírica y la ironía política.
“¡El circo, sí, el circo! ¡Sobre su arena fue nuestra escuela, sobre su arena conquistaron los gauchos del drama las tablas de los escenarios! Tal el humilde y honroso origen y ningún arte escénico puede ostentarlo mejor.” Así describía Pepe Podestá, en sus memorias, el espectáculo que vio nacer a los actores y autores que conformaron lo que luego fue el teatro argentino. Espacio del sainete y del drama criollo, de la acrobacia y la payada, de la canción, el chiste y la crítica social. Ese fue el circo de los Podestá y el comienzo de un teatro nacional. Más de un siglo más tarde, el teatro oficial vuelve la mirada a sus orígenes con la intención de homenajear a ese circo criollo decimonónico y sus personajes: los payasos más célebres –Pepino el 88, Frank Brown–, Juan Moreira, la ecuyère Rosita de la Plata y todo un universo de figuras memorables, desde el petit metre y la rubia cantora hasta el payador o el Tony.
La iniciativa fue del autor, director teatral y régisseur Daniel Suárez Marzal, que se propuso armar una ficción que recuperase la vida y obra de estos pioneros de la escena nacional. Pepino el 88 es el nombre del musical que estrenó ayer el Complejo Teatral General San Martín, protagonizado por Víctor Laplace, en un rol que se multiplica cual muñecas rusas: Laplace es Pepe Podestá, quien a su vez fue el que le puso el cuerpo a Pepino el 88 y a Moreira. Lo acompañan dos de las mejores figuras del teatro musical de los últimos tiempos: Karina K (interpreta a Rosita de la Plata) y Alejandro Paker (Frank Brown), protagonistas de Cabaret (ella, la Sally que reemplazó a Alejandra Radano; él, el impecable MC); ambos se mudan del Astral a la sala de al lado, el Teatro Presidente Alvear (Corrientes 1659), donde Pepino el 88 realizará funciones de miércoles a sábados a las 21 y los domingos a las 19.30.
A pesar de que el escenario vuelve a ser esa pista de arena en la que desplegaban su talento los personajes de Podestá, la obra que escribió y dirigió Suárez Marzal (con música de Federico Mizrahi y coreografía de Alejandro Cervera) no es para nada una pieza de museo. Lejos de hacer arqueología teatral, el director se propuso armar un espectáculo contemporáneo que le permita al espectador reflexionar sobre el pasado pero también sobre el presente. “No hay nada más separado de la pedagogía que el teatro; o por lo menos así debiera ser”, dice Suárez Marzal. “Mientras preparábamos esta obra siempre estuve preocupado de no caer en Billiken. La idea es ofrecer al público un espectáculo sumamente actual; de hecho, a diferencia de lo que se cree, Pepino el 88 no es una obra que ya existe, sino el personaje que Pepe Podestá interpretaba en la primera parte de sus funciones”, aclara su autor.
Aun así, Suárez Marzal y su equipo realizaron una intensa labor de investigación y relevamiento histórico y no faltarán algunas joyitas de aquella época, como el texto original con el que los Podestá representaban la historia del folletín de Eduardo Gutiérrez o ciertas canciones de aquel circo cuyo mensaje socio-político, a pesar del paso del tiempo, sigue igualmente vigente. Allí estará también retratada toda la sociedad rioplatense del siglo XIX: los políticos que otrora se interesaban por la cultura, ubicados en primera fila en la carpa de circo; ese público producto de la “mezcolanza argentina”, que reunía al oligarca con el recién llegado inmigrante y, finalmente, un sector de la intelectualidad de la época que desconfiaba del espectáculo de los Podestá y sostenía que sólo siguiendo el modelo provisto por una Europa helenizada podría conformarse un teatro nacional.
Desde el verano, el director y los protagonistas han estado revolviendo archivos para comprender ese mundo decimonónico y el rol que en él tenía el artista circense. Además, Karina K y Paker han debido entrenarse en acrobacia y trapecio, nada menos que con los hermanos Videla, novena generación de artistas de circo.
En Página/12 - 14/06/08
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